|
| |
|
|
|
Relatos |
|
Relatos
|
|
Colaboración: Reymi
Ferreira Justiniano (Bolivia)
|
|
 |
|
Imagen de un carretón actual, de los pocos que aún
existen, acondicionado para una postal turística de Santa
Cruz. |
|
| El
carretón de la otra vida |
|
|
Según la creencia popular el "carretón de la
otra vida" salía a buscar en las noches a las almas
descarriadas para llevárselas al infierno. Según los
testigos que dicen haberlo visto, aparecía después de la
media noche en tiempo de "surazo". El carretero
no era ni más ni menos que el mismísimo diablo y el
carretón estaba construIdo con huesos humanos en lugar
de madera, siendo su cargamento cientos de cráneos
amarillentos.
El grito espantoso y penetrante del carretero se
escuchaba a lo largo de toda la pampa y por las afueras
del pueblo. Los bueyes que tiraban la carreta en lugar de
ojos tenían un par de ascuas que destellaban con un rojo
intenso. En las noches tormentosas, nadie salía por temor
a encontrarse con el carretón y su diabólico
acompañante.
Algunos que habían alcanzado a ver el rostro del
carretero gracias a la luz intempestiva de un relámpago,
afirman que de su rostro solo quedaban los huesos
descarnados y los dientes apretados en un rictus perverso.
Sobre este misterioso carretón se han escrito decenas
de relatos, entre los que debemos resaltar los de Orestes
Harnés Ardaya (1) y Hernando Sanabria (2) que se destacan
por su calidad literaria.
Como casi toda leyenda, la que nos ocupa tiene su
asidero en hechos ocurridos en la realidad.
|
|
|

|
|
La Imagen más
antigua de un carretón, un "camba" (indígena
oriental) y las "peladas" de tipoi (vestido
típico). Obsérvense las ruedas de madera a diferencia
del anterior.
|
|
|
|
Desde la fundación de Santa Cruz, y hasta bien entrado
el presente siglo, la viruela fue una enfermedad que
causó estragos en el pueblo. "En la ciudad era
sabido -escribe Aquiles Gómez - y se daba por descontado
que de la viruela, ningún cruceño escapaba a la
sepultura" (3) La invención de la penicilina y las
innovaciones médicas, asi como las vacunas hicieron
desaparecer por completo esta enfermedad extremadamente
grave y contagiosa.
El año 1861, la Alcaldía de la ciudad creó un centro
de asistencia para los enfermos de viruela en un lugar
ubicado a cierta distancia del pueblo, por la zona
sudeste, en una casa quinta perteneciente a Doña
Peregrina Seoane, quien la vendio a la Municipalidad. Este
centro recibió el nombre de "El Lazareto",
nombre con el que hoy se conoce aún al barrio donde
estuvo ubicado esta especie de hospital.
"Para cumplir en forma eficiente con el traslado
de los virulentos -ralata Aquiles Gómez Coca- el
Municipio dispuso por aquel tiempo que tales casos debían
ser trasladados a partir de la medianoche en carretón con
toldo blanco y el carretero debía ir tocando una corneta
de cuerno de vacuno, para que el vecindario por donde
pasaba el vehículo con su carga contagiosa pueda cerrar
sus puertas y ventanas, de manera que no entre el contagio
a la casa" (4)
|
|
|
|
|
Imagen de un mural en un paseo de la ciudad en el que se
observa un carretón, símbolo de heroicas jornadas de los
primeros viajeros que comerciaban en el oriente
|
|
|
|
La creencia de que la viruela podía ser transmitida a
través de las mismas fue motivo de que cuando un
carretón con enfermos pasaba por la calle la población
cerrara las puertas y ventanas, colocando sábanas delante
de ellas, seguros de que con esta medidas evitaban el
ingreso de la mortal enfermedad.
Los virulentos una vez depositados en "El
Lazareto", tenían escasas posibilidades de
sobrevivir. las víctimas de la epidemia eran atendidas
por un facultativo y un grupo de ayudantes, quienes
hacían lo imposible por salvarles la vida aunque, como se
ha dicho, con muy poca suerte. La mayoría luego de una
tormentosa y larga agonía, moría con el rostro
desfigurado y la piel cubierta de erupciones. Por esta
razón, a poca distancia de la casa-quinta se habilitó un
pequeño panteón.
La pesadilla del carretón que transportaba a los
virulentos recién terminó en 1940, último año en que
la viruela azotó al vecindario. La llegada a Santa Cruz
de la penicilina y luego la moderna vacuna contra el mal
dejó atrás para siempre este flagelo, cuya huella quedó
grabada para siempre en el alma del cruceño en la leyenda
del "carretón de la otra vida".
|
|
|
|
(1) HARNES ARDAYA ORESTES. "Cuentos, relatos, leyendas
y tradiciones". 1979. p.57.
(2) SANABRIA FERNANDEZ HERNANDO. "Tradiciones,
leyendas y casos de Santa Cruz de la Sierra" 1992. p.
77.
(3) GOMEZ COCA AQUILES. "Archivo, patrimonio
documental para la historia cruceña" p. 199, 78 y ss.
(4) Loc. cit.
Si Usted. desea opinar sobre este mismo tema u otro
cualquiera, ¡hágalo!)
Si desea escribir su propio relato, nos
encantará publicarlo
Ver otros artículos
anteriores
|
|
|
|
| Volver
al Principio de Página |
| |
|
|
|
|
|
Encuestas |
|
¿Ud. cree que Evo Morales completará su
periodo Constitucional ordinario? |
|
|
|
|
|
FOROS |
|
|
|
|
El Clima en la capital Sucre y otras
ciudades de Bolivia y el Mundo: |
|
|
|
|
Convertidor de Monedas: |
|
|
|
|
|
|