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Relatos
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| Colaboración:
Luis Melendrez (Bolivia) |
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Vista de la población de Aiquile |
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Aiquile:
entre música, sol y recuerdos... |
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Pintoresca región entre
Cochabamba y Santa Cruz, Aiquile es un caluroso pueblo
rodeado de comunidades agrícolas en las que se cultiva
el maíz, papa, durazno y hortalizas entre otros
productos.
El poblador de la zona se
dedica también al comercio, y ha emigrado a otros
distritos principalmente desde el terremoto que afectó
la región en mayo de 1998, aunque últimamente se ha
observado el retorno de alguna gente que
tradicionalmente vivía en la zona.
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La Catedral de Aiquile antes
del terremoto |
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En 1998 cuando ocurrió el
terremoto con epicentro en Aiquile se destruyó el aspecto
antiguo del pueblo, en el que parecía haberse detenido el
tiempo siendo algunas luminarias y letreros en las calles
o paredes pintarrajeadas lo único que recordaba que el
tiempo pasó y las épocas son otras.
Dolor y luto sufrió la
población en aquella ocasión, pero tanto como la
desgracia de perder a sus seres queridos y sus
pertenencias por causa de la naturaleza, es la prolongada
frustración de no haber recibido el apoyo necesario y
haber más bien sufrido el ultraje de las picardías de
funcionarios del gobierno de entonces que usaron la
desgracia ocurrida para apropiarse de dineros y
donaciones.
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Imagen del edificio afectado |
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En realidad los pobladores
están dispersos en muchas comunidades y Aiquile es el
centro de aprovisionamiento en el que se realizan ferias
frecuentes de intercambio de productos.
El poblador es muy acogedor y
noble, siendo tradicional la hospitalidad y sencillez de
la gente.
En este pueblo y zona se
disfrutan de la chicha, mote o choclo, leche, queso,
quesillo y sabrosas comidas hechas de cerdo, vaca o
cordero.
La fruta es abundante y hay
bastante actividad por ser lugar de paso para el
tráfico interdepartamental. |
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Lenta reconstrucción de edificios |
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Las casas de adobe con techos
de calamina han sido sustituidas por edificaciones de
ladrillo muy poco funcionales, de mal aspecto y pésimo
gusto, lo que ha devaluado la imagen del lugar.
Sólo la belleza y naturalidad
del paisaje valluno alegra la vista en los ardientes
días de verano y primavera.
Es tradicional el carnaval y
famoso el Festival de Charango que atrae a miles de
visitantes, no solo en ésa ocasión sino prácticamente
todo el año.
Se puede llegar a Aiquile en
siete horas desde Santa Cruz por carretera, y es típico
el paisaje de valle que cruza las serranías cercanas en
las que se pueden apreciar todos los tonos de verde en
los sembradíos.
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Típica familia de Aiquile
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Pequeños cuartitos de adobe con
techos de calamina acogen a los artistas que por
generaciones han cultivado la habilidad de construir los
mejores charangos del mundo, hoy la mayoría de madera
puesto que los tatúes con cuya caparazón se armaba la
caja de resonancia de los preciados instrumentos, ya casi
desaparecieron por completo, aunque algunos compradores
exclusivos de todo el mundo lo pueden obtener aún hasta en
300 o más dólares la pieza, comparados con otras piezas
que se comercian hasta en 25 dólares y se revenden en
mercados del interior del país al doble.
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El arte de construir charangos: atractivo internacional de
Aiquile
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Cada año, el Festival
Nacional del Charango acoge a muchos visitantes y
admiradores que no solo buscan la mejor calidad de estos
instrumentos sino que también llegan para escuchar a los
mejores intérpretes en el concurso de cultores del arte.
En Aiquile
existen servicios básicos, aunque la mayor parte de las
visitas son en tránsito, por lo que hay relativas
facilidades para alojarse.
El servicio de
transporte es diario y los caminos transitables la mayor
parte del año.
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