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Compartir esta experiencia,
gracias al casual encuentro, en pleno viaje, con alguien
enterado de la oportunidad que abre Bolivia Web Site
para dar a conocer vivencias, me animó a escribir
esta nota.
La cercanía del norte de mi
país a La Paz en la vecina Bolivia, tentó a mi familia
para dar un salto hasta la famosa Copacabana, una pequeña
población a orillas del Lago Titicaca en la cual se
venera a la Virgen de Copacabana, patrona de los
bolivianos y depositaria de la fe de muchos extranjeros,
que la visitan en peregrinaciones durante todo el año.
Resulta obvio decir lo
impresionante que resultó acceder a ése país por la
mismísima cordillera de Los Andes, atravesándola por
muy cerca de las nevadas cumbres de las montañas hacia
el frío altiplano que tras un corto viaje llega a
la majestuosa vista de La Paz.
Un emocionante descenso hizo
latir más fuerte nuestros corazones, o tal vez la
mentada altura fue la que aceleró nuestras emociones
pero verdaderamente es algo que se debe vivir, pues no
se puede contar...
Apenas una horas después, tal
como lo programamos, salimos hacia Copacabana para
venerar a la Virgen, el trayecto es muy hermoso y
majestuoso: otra vez en medio de la inmensidad del
altiplano rodeado de cumbres nevadas y de pronto: el
Lago Titicaca, azul intenso a pesar del día nublado,
misticismo total, se sienten vibraciones especiales que
no se si provienen de su extraña posición física (en
lo alto del mundo) o si son aún los influjos del pasado
lleno de leyendas e historias de los numerosos pueblos
que habitaron y aún lo hacen, la zona.
Luego de atravesar el lago en
barcazas para proseguir la ruta en bus, llegamos por fin
a Copacabana: visitamos el templo, rezamos a la virgen,
admiramos los cientos de curiosos recuerdos y artesanías
que se ofrecen a los visitantes que se pueden ver,
llegan de diversos orígenes del mundo.
En uno de los innumerables
pequeños "restaurantes" comimos pescado del
lago, fresco y sabroso; subimos al monte del Calvario,
admiramos sorprendidos los ritos que cumplen una especie
de brujos indígenas, admiramos y sentimos las
impresionantes vistas que el Lago ofrece,
estuvimos en la pequeña playa, los niños disfrutaron
algunas atracciones, tomamos una nave para ir a la isla
del Sol y en fin... todo ello, cada cosa, es una
aventura aparte, algunas de las que trataré de
contarles en otros envíos
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