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La Realidad Actual
Boliviana
En la Bolivia
de hoy: las actividades económicas, la educación, la salud y
hasta el deporte, registran los índices más bajos en las escalas
internacionales de desarrollo.
Más que la
pobreza y el atraso del país, el peor de los males es la corrupción
que llega a niveles inimaginables para lo que puede esperarse en
el mundo exterior y como consecuencia la desigualdad y la exclusión que hacen a este
país probablemente uno de los más discriminadores del mundo.
La asistencia
internacional es frecuentemente desviada y defraudada por los
administradores oficiales, por lo que cada vez es más importante
y urgente para estos organismos y entidades buscar mecanismos idóneos de
control y apoyo para el manejo y la finalidad de los fondos.
El ciudadano
boliviano no tiene voz ni oportunidad para cambiar nada de lo que
ocurre, ya que los mecanismos de participación ciudadana son
ficticios al no tener efectividad alguna en el control social.
Las
oportunidades están absolutamente confinadas para la población y
la única manera que han encontrado algunos ciudadanos no incluidos
en los esquemas minoritarios dominantes para poder sobrevivir, es
el servilismo directo o indirecto a ésta estructura o su
explotación fomentando la inmoralidad; otros escogieron
directamente la informalidad como medio de vida, la misma que
debilita y corroe las intenciones del trabajo honesto y hay
quienes practican abiertamente la ilegalidad, amparados en la
vulnerabilidad del corrupto sistema imperante.
Los más sin
embargo, asumen su responsabilidad de afrontar sus problemas con
dignidad y honestidad, en una desigual lucha por sobrevivir
caracterizada por la sumisión, la humillación o la inconciencia de
creer que todo es normal.
Ningún
mecanismo real garantiza la seguridad de los bolivianos, solo se
toleran las protestas y acciones que no vulneran ni ponen en riesgo al
sistema de desigualdad imperante.
Matanzas
siempre impunes, chantaje, prisiones, torturas,
desaparecidos, violaciones, confinamientos, expatriaciones,
manoseo legal, muerte civil, junto a otros actos represivos
contra quienes se atreven a protestar se han registrado en toda la
historia republicana.
Muchas de
éstas prácticas se han mantenido en éste último periodo de más de
veinte años de aparente democracia y aún siguen ocurriendo.
Más de
sesenta muertos se han podido contar como resultados de actos
represivos, antes de cumplirse un año de gestión del
gobierno anterior, hasta agosto del año 2.003.
Más de
cuarenta muertos adicionales en el corto periodo de tiempo
transcurrido hasta el 13 de Octubre, con lo que pasan de cien.
A varios
meses del actual gobierno ¿alguien sancionado? No, nadie.
¿Cómo es esta
"democracia" en que uno tienen todos los derechos y
privilegios y otros absolutamente nada, ni el respeto a su
dignidad?
La mayoría de
los bolivianos, sin embargo, trabaja honesta y humildemente para
sobrevivir con esa dignidad acosada, pero en condiciones de alta y constante
indignación, además de una calidad de vida muy baja.
A pesar de
todo, siempre han habido y habrán honrosas y contadas excepciones
en la administración pública y el manejo de los intereses de
Bolivia tanto interna como externamente.
Hoy, se deben
evaluar los resultados y la realidad: el atraso, la pobreza y la
dependencia.
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Corrupción y Descrédito
El anterior gobierno y seguramente cualquier otro que lo
hubiera sido, es una clara y exacta síntesis de sus antecesores y lo que encierra toda la
historia de Bolivia.
En éste país
se han perfeccionado extremadamente los vicios y los mecanismos de
sostén de la estructura corrupta del poder.
La
gobernabilidad democrática inspirada, concebida y establecida
posiblemente como principio de integración y pluralidad, ha sido
utilizada cada vez más como instrumento de negocios sucios y
componendas.
Hoy, la
llamada gobernabilidad ha llegado a su más sofisticada aplicación:
el chantaje. Hoy la gobernabilidad en Bolivia es un rehén por el
que se puede pedir cualquier rescate, y además indefinidas veces.
Es la nueva
manera de “servir” al país. De éste modo, la evolución máxima de
las maniobras y maquinaciones de los grupos acostumbrados a estar
encumbrados gratuitamente en el poder, han postrado de tal modo a
la población boliviana que será necesario mucho esfuerzo y
sacrificio para recomponer las cosas, empezando por lograr que el
boliviano pueda creer de nuevo en si mismo.
Solo como
ejemplo: bajo rótulos como “lucha contra la corrupción” se
pacta públicamente con la evasión de impuestos, como
"servicio al país" se pacta cínicamente con
vergonzosas condiciones de cuotas políticas, como "defensa
de la democracia" se masacra impunemente a la gente, como
"conciencia cívica" se engaña a la población y se
encubren nefastos y corruptos grupículos.
Violaciones
permanentes de los derechos humanos, fraude y actos de corrupción
repetidos y constantemente impunes, manoseo de la
institucionalidad con “cuoteo” (repartija) de cargos públicos,
subordinación y podredumbre en la justicia boliviana, protección
de actos dolosos en las empresas públicas y capitalizadas, uso de
los recursos públicos y hasta los soldados para fines privados,
militarización de caminos y poblaciones, oídos sordos a la
población y represión armada, dilapidación de recursos estatales,
son solo algunas características que tipifican a cada gobierno,
como al anterior por ejemplo, con matices diferentes.
Sin embargo,
sepa el observador externo, que ninguna de éstas apreciaciones
salvo determinados tintes, es nueva. Es mas bien la copia
repetida de lo que ocurre desde siempre.
Este “modelo”
de manejo de la cosa pública y de sustento del éxito personal y
privado en sus vicios y fragilidades, se ha reproducido y
diversificado a distintas escalas y niveles: hoy se aplica y se
practica en la totalidad de las entidades estatales y
paraestatales, más algunas otras de Bolivia bajo diversos rótulos
y disfraces.
Además del
propio gobierno central y el parlamento, los ministerios y
entidades dependientes del poder ejecutivo manejan y reproducen el
modelo en sus propias estructuras, las prefecturas (gobiernos
regionales) hacen lo mismo. Las alcaldías reproducen el esquema
más de 300 veces, las universidades del estado y otras entidades, en
mayor o menor grado, las oficinas locales y hasta entidades tan
significativas como la justicia, la policía y otros entes armados,
entes cívicos, cooperativistas, sindicalistas y asociacionistas
son presa fácil del esquema vigente.
Obviamente
todas ellas bajo el manto de los intereses políticos y económicos
de turno o sus engendros subalternos, pues hace tiempo que la
institucionalidad ha desaparecido.
En medio de
ésta realidad, las entidades privadas y gremiales se agrupan y
chantajean al gobierno para obtener concesiones sectoriales,
muchas veces al margen de la ley y en desmedro de otros grupos
sociales, siempre los más débiles y desplazados.
Los medios de
comunicación, manejados por grupos de poder, manipulan a la
opinión pública y crean a veces condiciones artificiales para
vedados fines, alejados del interés común.
A título de
descentralizar o democratizar gestiones y actividades, hay
sectores y actores que bajo los más diversos y “patrióticos”
argumentos reclaman cambios que les permitan “también” tener
acceso a las opciones, las crean o tratan de crearlas para sí, en
una lucha constante y sin cuartel, por continuar indefinidamente
con el saqueo público y los privilegios gratuitos.
Los índices
económicos, sociales y otros medios de valoración de la realidad
actual boliviana que no son fruto de la casualidad ni
necesariamente de la
mediterraneidad, pueden ser estudiados en diversas páginas de éste
sitio y están al alcance del lector para formar su propio juicio.
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La “Política” Boliviana
Los políticos
bolivianos financian su vida y hacen fortuna, y hasta sus
campañas, con recursos y dineros –“legales” o no- del Estado.
Igualmente cuentan con dudosos aportes de sectores empresariales
comprometidos en problemas tributarios, deudas al estado y la
banca, o con intereses contractuales de mutuo beneficio.
La llamada
“legalidad” está enteramente concebida y administrada para
proteger el esquema asimétrico planteado y construido en décadas
de abusos transferidos por generaciones.
Solo pueden
ser candidatos públicos personajes de “sus” partidos; las Cortes
Electorales son accesorios de la democracia artificial vigente, de
cuestionable composición y nombradas por los propios interesados,
convalidan frecuentemente fraudes o se encargan de desechar otras
opciones.
Se ejerce
chantaje sobre empleados y todo tipo de dependientes de la
administración pública y las entidades oficiales; la empresa
privada “juega” sus recursos a cambio de impunidad tributaria,
leyes favorables, créditos o concesiones gratuitas, suspensión de
juicios, amnistías de deudas y otros privilegios.
Al interior
de los propios partidos se practica la insidia y la adulación, el
nepotismo y el favoritismo, en concepciones tribales de dominio y
control.
Grupículos de
inescrupulosos salameros alrededor de los caciques o caudillos
(padrinos) forman las llamadas “roscas” o círculos a través de los
que se eternizan en el manejo de sus partidos, relegando a sus
propios militantes al calor de las más inverosímiles artimañas y
obteniendo toda clase de privilegios para si mismos, sus familias
y sus amigos en espectaculares, inexplicables y meteóricas
carreras políticas a través de todos los cargos públicos que si no
los hay, los crean.
El
clientelismo, la componenda, la prebenda, el oportunismo, el
nepotismo, la impunidad y otros términos “decorativos” han
prosperado y se han perfeccionado indiscutiblemente en las últimas
décadas.
La inversión
de valores, la malversación de fondos para fines propios o
partidarios (que es lo mismo), la ocupación indiscriminada y
distribución de las funciones públicas entre acólitos, la bajísima
calidad formativa y moral de gran parte de la clase dirigencial
política y simultáneamente administrativa, el enriquecimiento
ilícito, el desamparo de la población y la inequidad de la
justicia, la inoperancia y la incapacidad de gestión
administrativa son males instituidos y normales en la realidad
boliviana.
La llamada
clase política ejercita la cínica proclama de luchar contra la
corrupción como bandera y la “extiende” de vez en cuando en
simulacros de arremetidas ficticias hacia ciertos estamentos como
la policía, el poder judicial o pecadores menores o seleccionados
para salir de en medio, dependientes de ellos mismos, a manera de
atenuar su propia responsabilidad y hacer publicidad,
manteniéndose a sí misma incólume, impune e invulnerable.
El boliviano
común no participa efectivamente en ningún proceso de decisión,
todos los mecanismos de nominal participación o control social
están concebidos de modo que el poder siempre sea ejercido por su
fuente y mas bien se usan estos artificios para distraer a la
población en sus ansiedades y legitimarse a sí mismos (elecciones
democráticas, participación popular, control social, diálogo
social,
lucha contra la pobreza y otros rótulos, que además sirven para
engatuzar a la comunidad internacional y hasta sonsacarles fondos
de respaldo)
Los
“desequilibrios”, amenazas e imprevistos que eventualmente se
presentan para el mecanismo montado, son rápidamente atendidos y
neutralizados o anulados totalmente en trasnochadas sesiones
extraordinarias de gabinete y/o del congreso contra viento, marea
y procedimientos, atropellando todo a su paso, mientras la
población duerme.
Si esto no
resulta, está la represión brutal al alcance de la mano y siempre
dispuesta y servil a cambio de su estéril e improductiva subsistencia.
La ingenuidad
de la población hace juzgar como incapacidad de dirección el
estado de cosas, sin percatarse que la capacidad existe, pero es
inmoral, apta y dirigida a satisfacer todos los intereses menos
los de la población. Incapacidad para manejar la cosa pública en
beneficio de sus mandantes, sería una definición más
clara.
Este es un
vistazo del panorama real imperante en el país. Restan muchos
otros enfoques y aspectos que mostrar. En resumen: un sistema
político absolutamente fraudulento y corrupto, además de
sangriento e impune.
Bolivia, bella, rica en recursos
y tradiciones, es víctima de sus propios lobos.
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