23/08/2008

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El Siglo XX en Bolivia

    

El Periodo de la República en Bolivia (Siglo XX)

 

 

 

 

En pleno fin del Siglo XIX, con las heridas frescas aún de la contienda con Chile y ocurrió un suceso que habría de quedar marcado en la Historia de Bolivia como uno más de los  inexplicables dramas que le tocó vivir:

 

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La Guerra del Acre

 

 

 

No había terminado aún el siglo XIX cuando los filibusteros de la goma declararon la independencia del Acre, extensa zona limítrofe con el Brasil y de cuya nacionalidad provenían la mayoría de los rebelados.

 

Apoyados por su gobierno que les reforzó militarmente y ante las pocas tropas que Bolivia logró enviar a la alejada zona, los ocupantes protagonizaron algunas escaramuzas que a la larga resultarían ser  la llamada “Guerra del Acre”.

 

La tremenda debilidad boliviana que no acababa de resolver sus problemas de la reciente guerra con Chile y la notable diferencia de recursos con el supuesto enemigo, terminaron por obligar la firma del Tratado de Petrópolis (1.903) con el Brasil, mediante el cual Bolivia perdió todo el territorio que fue la aparente causa del artificial litigio creado, recibiendo a cambio mínimas compensaciones.

 

 

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El Tratado de 1.904 con Chile

 

 

 

José Manuel Pando, (militar) gobernaba Bolivia cuando se consumó lo que Chile había planeado tan largamente:

 

“… en base al derecho que concede la victoria, ley suprema de las naciones…”

 

imponer a Bolivia la cesión en su favor de las tierras, puertos y costas marítimas que había ocupado por la fuerza, a través de un “tratado” firmado en fecha 20 de octubre de 1.904.

 

Este funesto acontecimiento, marca históricamente un hecho en el que la fuerza de las armas y el abuso injustificado toman forma de “pacto internacional” entre víctima y agresor, argumento que hace valer Chile hasta nuestros días, ante la pasividad e indiferencia de la comunidad internacional que sin embargo ha censurado y remediado muchos otros parecidos casos dados en la historia mundial.

 

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El Inicio del Siglo XX

 

 

 

Al Presidente Pando, (asesinado años después) le sucedió Ismael Montes y a éste Eliodoro Villazón.

 

Después: Gutiérrez Guerra asumió el poder en 1.917, teniendo que enfrentar movimientos y disidencias que terminaron por sustituirlo con una Junta encabezada por Bautista Saavedra que en enero de 1.924 resultó a su vez elegido Presidente por el Congreso.

 

Por los años de 1.925, Bolivia era esencialmente minera, explotaba y exportaba minerales metálicos de estaño y otros, que dependían grandemente de los precios del mercado internacional, los que a fines de ésa década se vieron gravemente afectados por una prolongada y grave crisis mundial.

 

Cien años cumplió la República de Bolivia en 1.925 en medio de la pobreza y el abandono de sus habitantes.

 

Solo las minúsculas élites criollas creadas y privilegiadas por ellos mismos sin otro argumento que la falta de escrúpulos, protagonizaron el poder y ganaron un forzado y mediocre sitio para los historiadores afines, en una interminable corriente que continúa hasta hoy.

 

El primer cuarto del siglo XX, consolidó los círculos dominantes vinculados a los latifundistas, banqueros, comerciantes, industriales y empresarios mineros que con los militares de por medio, usualmente prebendalizados por astutos favores del Estado, hacían y deshacían los destinos de Bolivia.

 

 

El entorno palaciego del gobierno, escenificado teatralmente en el Congreso, acomodaba y movía todas las piezas del tablero de sus intereses, labrando su sólido futuro de privilegios a espaldas de la gente, que ni leer sabía.

 

Los periódicos eran el único medio público de información, solo accesible a unos pocos,  duramente censurado a favor de los grupos de turno y casi siempre controlado por los mismos, o: “cuando no” por incondicionales beneficiarios de ventajas, títulos y cargos que jamás  obtendrían por sí mismos.

 

La represión, la prisión, el destierro y otros medios peores fueron habitualmente (hasta el final de siglo) la forma como los gobiernos y centros de poder evitaron la oposición y los enemigos políticos.

 

Tuvo que pasar más de otro cuarto de siglo para que recién se pueda instituir el voto de todas las personas para las elecciones.

 

Sin embargo, hasta el día de hoy: en la práctica los electores no eligen a nadie y los medios represivos siguen siendo el único argumento de los serviles del poder de la minoría y los intereses extranjeros.

 

Leer la historia de Bolivia del siglo XX en el accionar de los sucesivos gobiernos raya a veces en lo inverosímil, pues aparte de los acontecimientos políticos, las asonadas militares, las revueltas, las conspiraciones y las matanzas, sobresalen sólo los desaciertos, el servilismo, la corrupción y el descalabro.

 

Algunos historiadores y comunicadores, por amor propio que quieren confundir con nacionalismo, tratan de resaltar “obras” inútiles e insignificantes tan ínfimas para una gestión de Gobierno nacional como inaugurar una escuela o un tramo caminero, o dictar una ley que no se cumple,  en un país que aún hoy está invertebrado, incomunicado, sojuzgado por unos pocos y postergado en sus aspiraciones a los últimos niveles de pobreza.

 

Con un nivel de vida muy bajo y a la zaga de sus hermanos americanos, a pesar de haber nacido todos casi al mismo tiempo, con los mismos o parecidos problemas y pese a poseer  grandes recursos naturales y haber gozado del apoyo de todas las corrientes libertadoras, hoy Bolivia se debate en los mismos problemas de siempre, agudizados por las diferencias con el resto del mundo.    

 

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La Guerra del Chaco

 

 

 

Desde que hubieron bolivianos y paraguayos, tanto unos como otros se creyeron dueños de lo que se llama el Chaco Boreal, al sud-este de lo que es hoy Bolivia.

 

A fines del siglo XIX y  principios del XX, ambos países insistentemente trataron de lograr acuerdos que les favorecieran en sus pretensiones de consolidar su proclamada propiedad sobre tales territorios, e inclusive gestionaron mediaciones de terceros países, que finalmente fracasaron.

 

Intereses  extranjeros de las compañías petroleras inglesas y norteamericanas ejercían también maléficas influencias para apoderarse de zonas supuestamente ricas en hidrocarburos.

 

Alrededor del año 1.928 se decidió establecer soberanía a través de la ocupación de territorios, situación que resultó más fácil a Paraguay por la cercanía de su capital a los mismos y su familiaridad con el clima y condiciones reinantes.

 

Ambos países instalaron los llamados “fortines” en diferentes puntos del espacio físico disputado, hasta que ocurrió lo inevitable: se encontraron en la intención de ocupar un mismo lugar.

 

Gobernaba Bolivia, don Daniel Salamanca desde 1.931 y le tocó afrontar el conflicto que finalmente no pudo evitarse, peor aún con el oportuno aliento de los intereses de las potencias extranjeras expectantes para obtener ventajas en la explotación de los recursos petroleros que la zona prometía.

 

Un grupo boliviano expulsó a tiros a un grupo paraguayo de la laguna llamada Chuquisaca (Pitiantuta para los paraguayos) y fue la chispa que encendió la hoguera el 15 de junio de 1.932.

 

300.000 hombres movilizados al frente y 40.000 en retaguardia, 90.000 muertos y 30.000 prisioneros por ambos bandos fueron el balance final.

 

La mayor parte del territorio en disputa quedó en poder del Paraguay.

 

El 14 de Junio de 1.935 se firmó la paz en Buenos Aires – Argentina ante representantes de Estados Unidos, Brasil, Perú, Chile, Argentina y Uruguay que aparentemente actuaron como mediadores.

  

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Hacia la Mitad del Siglo XX

 

 

 

 

Después de la contienda del Chaco y la pérdida de lo que consideraron su territorio, los bolivianos volvieron, desgastados y pobres, a sus quehaceres de siempre, y con ellos los políticos nuevamente al total acecho: los grupos de poder a reubicar sus posiciones y los que no pudieron hacerlo hasta entonces, a crear las condiciones para lograrlo.

 

Las heridas de la guerra y los sentimientos lastimados del pueblo eran un terreno fértil que explotar  para poder sobresalir, a falta de méritos propios.

 

Tejada Sorzano, David Toro y Germán Busch (militares) sucedieron a Salamanca en el gobierno hasta el año 1.939.

 

Carlos Quintanilla, Enrique Peñaranda, Gualberto Villaroel, Tomás Monje, Enrique Hertzog y Mamerto Urriolagoitia hasta 1.950.

 

Gestiones históricamente intrascendentes en general, en relación a las necesidades de reconstrucción del país y las exigencias  para la economía y el progreso de los bolivianos.

 

Son sin embargo, como todas,  muy mentadas para los beneficiarios de los cambios políticos de personajes y  corrientes que encarnizadamente, a cualquier precio, ocuparon y se disputaron el poder de entonces y el que viniera después.

 

Enorme crecimiento de los potentados y extrema postergación de la población, caracterizan a ésta época en que varios personajes, familias y grupos supieron sacar provecho de las cenizas de la guerra y la ingenuidad de la solidaridad y el patriotismo del pueblo.

 

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La  “Revolución” de 1.952

 

 

 

Víctor Paz, Hernán Siles y otra vez Paz, (civiles) gobernaron Bolivia hasta 1.964 en un periodo que se recuerda principalmente por tres acontecimientos:

 

Su acceso al poder a través de una revolución armada en la que el esperanzado pueblo derrotó al ejército, después de que éste intentó defender a las clases dominantes de aquel entonces, representadas por lo llamados “barones del Estaño”  y sobre cuyo poder económico e influencia se sustentaban los gobiernos de turno.

 

La apertura al oriente que como política de los gobiernos habitualmente asentados en Sucre o La Paz -el lado occidental y montañoso de Bolivia- resultaba audaz y novedosa, pues integraría físicamente a dos tercios del territorio hasta entonces olvidado y marginado de la tormentosa vida republicana boliviana: se construyó la carretera Cochabamba - Santa Cruz.   

 

Una serie de medidas que en aquel escenario y época resultaban trascendentales como: el voto universal, la nacionalización de las minas y la reforma agraria, y que aparentemente cambiarían para siempre y positivamente la vida de los bolivianos; aunque en los hechos, el tiempo y hasta algunos de sus propios gestores se encargaron de desvirtuar.

 

En el tema de participación mediante el voto: el voto fue utilizado, inducido, tergiversado y manipulado en todo tiempo; hoy está totalmente prebendalizado y sólo viabiliza la componenda y los negociados. El boliviano no elige nada.

 

La nacionalización de las minas generó con el tiempo gigantescas, ineficaces y corruptas administraciones estatales que sólo fueron instrumentos de acomodo partidario y enriquecimiento ilícito.

 

Nuevas élites y “barones” de la minería se formaron a través de los favores de la burocracia oficial y son quienes hoy controlan sus acciones.

 

La reforma agraria sirvió -a la larga- para cometer abusos e inducir votos. Hoy: a través del Estado, las tierras bolivianas, en miles y miles de hectáreas están gratuitamente repartidas en pocas e improductivas manos, fruto del tráfico de influencias, los negociados y el favor político.

 

Actualmente, el 93 % de las tierras está en manos del 7 % de propietarios de tierras y no producen nada o se usan raramente para generar la exportación de algunos productos, el 7% de las tierras en manos de lo otros propietarios cubren el 70 % de los productos agrícolas de la canasta familiar boliviana. Apenas el 15% del territorio se trabaja como cultivos.

 

En cada gobierno desde entonces, cualquier funcionario con la suficiente influencia resulta adjudicándose fraudulentamente inmensas porciones de territorio, el cual hoy en día está absolutamente loteado, no produce y no tributa, pero se vende, se alquila, se hereda o se hipoteca.

 

Hoy se sabe hasta de territorios de patrimonios nacionales y reservas naturales, (como el Salar de Uyuni) reducidos en su superficie por decreto o en el parlamento, con la finalidad de disponer y comerciar ilícitamente con ellos.

 

Es más, lo poco o nada que los nuevos mega latifundistas y aparentes empresarios producen, se usa sólo como medio para obtener créditos vinculados y de favor con la banca -nunca pagados- y hasta se usan abusivamente soldados y recursos de las fuerzas armadas bolivianas para sus trabajos privados de siembra, cosecha o construcciones y servicios personales.

 

Gigantescas estafas –siempre impunes- se han producido a través de la banca boliviana sin que nunca se haya adoptado medida alguna para recuperar efectivamente cientos de millones de dólares de auto-créditos de fondos de financiamientos y concesiones extranjeras y de fondos de los ahorristas bolivianos.

 

El boliviano sigue hoy sin poder elegir ni participar de su destino, las empresas del estado son antros de corrupción o están enajenadas y los campesinos e indígenas siguen luchando por un pedazo de tierra para sobrevivir, siendo por tal motivo frecuentemente reprimidos brutalmente y a veces asesinados a nombre del orden constituído, sin que jamás se intente siquiera encontrar a los autores.

 

Al margen de las intenciones que pueda encerrar cualquier acción en su origen, hoy, medio siglo después, se relata la realidad de lo ocurrido y lo que ocurre como fruto de la mentada “revolución”.

 

Lo irónico y dramático de esto, es que los actores de los cambios, su desarrollo y sus resultados son genéricamente  y hasta genéticamente los mismos que hoy cosechan la torcida herencia, mientras la república está sumida en la más profunda crisis de su existencia.

 

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Más Gobiernos Militares

 

 

 

Desde 1.964: René Barrientos, Alfredo Ovando, Juan Torres, Juan Pereda, David Padilla, Alberto Natusch, Hugo Bánzer y Luis García hasta 1.982, todos militares y golpistas, con la fugaz presencia casual y decorativa de los civiles Luis Siles, Walter Guevara y Lidia Gueiler en distintos tiempos del periodo, protagonizaron la larga noche de las dictaduras, plagadas de asesinatos, secuestros, desaparecidos, prisioneros y deportados, no sin el apoyo de algunos “socios” latinoamericanos y de otros confines.

 

Todos los cargos públicos y administración de recursos estuvo en manos de uniformados de toda laya, alternándose con algunos infaltables serviles y acomodados.

 

Enriquecieron a sus familias e incondicionales, saquearon las arcas del Estado, endeudaron astronómicamente a los bolivianos de las próximas generaciones, sembraron el terror y el luto entre los pobladores, se rieron y se jactaron de ello y dejaron escrito para siempre el estilo de la impunidad institucionalizada y la condena civil para quienes piensen distinto.

 

Algunos hasta se disfrazaron de demócratas, el arma de última generación del siglo pasado, en mayores o menores grados, fueron artistas de la demagogia, expertos en la represión y protagonistas de fraudes registrados por la historia.

 

Numerosas matanzas se cuentan en éste periodo, muchas víctimas y muertes nunca esclarecidas, encubiertas por los siguientes herederos del poder.

 

Muchos mártires cuyo sacrificio en algunos casos, solo sirvió para que en su nombre y sobre sus tumbas, se favorecieran y construyeran nuevos emporios de corrupción, hoy vigentes.

 

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La “Democracia” Boliviana

 

 

 

Con éste jactancioso título, construido sobre las espaldas del pueblo, y con su representación se autocalifican los peculiares inquilinos del Palacio de Gobierno boliviano ubicado en la ciudad de La Paz.

 

A partir de 1.982 Hernán Siles ocupó la Presidencia elegido por el Congreso, le sucedió Víctor Paz en 1.985 elegido de la misma forma, Jaime Paz en 1.989 tras inauditas y escandalosas maniobras entre congresales, Gonzalo Sánchez en 1.993, Hugo Bánzer en 1.998 elegido por el Congreso y fallecido antes de terminar su gestión fue heredado por Jorge Quiroga.

 

Finalmente, estos junto a Gonzalo Sánchez desde 2.002 hasta la fecha; conforman la “nueva” camada de gobiernos dando continuidad y reforzando muchos de los vicios adoptados y heredados, aunque  generando también algunas características propias, no menos perjudiciales.

 

Caudillos y actores directos de los sucesos “revolucionarios” y “militares” de la segunda mitad de siglo, aparecen repetidamente en el nuevo y esta vez “democrático”  listado, intercalados con otros hábiles cultores de la oportunidad.

 

La presión de los tiempos cambiantes incentivó el ingenio de los grupos de poder y sus serviles artífices para “adaptarse” a las exigencias y a las corrientes democratizadoras dominantes en el mundo.

 

Una democracia a la boliviana está hoy instituida con muy buenos réditos para sus beneficiarios. En actos mal llamados “elecciones”, cada cuatro años (ahora cinco), elegidos “a dedo” (nombrados) llegan  al congreso en papeletas “por plancha” (lista), y allí negocian sus votos por cargos, embajadas, ministerios, prefecturas, alcaldías, archivo o anulación de juicios y procesos, obtención de contratos y hasta el destino de futuras elecciones en oscuras componendas y acuerdos subterráneos de alternabilidad y rotatividad.

 

En muchos países del mundo la elección se deriva a la representatividad de los votantes, pero seguro que en ninguno se ha despreciado tanto a ésta última, a la hora de su ejercicio; como en Bolivia.

 

Entre 75 al 80 % de los votantes NO eligieron a los gobernantes en casi todos los casos indicados, lo que llega al 86 % en el caso de Jaime Paz.

 

Estos porcentajes se transforman en más del 93 % Y 96% respectivamente si se considera a todos los bolivianos (incluyendo a los que no votaron).

 

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Balance

 

 

 

No hay nada digno de destacar y que pueda contabilizarse efectivamente en los campos del desarrollo y el progreso para los bolivianos en las gestiones recientes precedentes.

 

Nada que no sean los desaciertos administrativos y los ajustes a los desajustes que ellos mismos provocaron, lo que trae otros nuevos y así sucesivamente, con consecuencias que finalmente carga la población en su conjunto.

 

Gigantesca e histórica inflación descontrolada acompañada de negociados oficiales y especulaciones millonarias en medio de éste proceso de empobrecimiento colectivo, caracterizaron una primera etapa: Siles Suazo y Jaime Paz.

 

Estabilidad monetaria, despido masivo y desempleo absoluto es el recuerdo nacional en la siguiente: Víctor Paz.

 

Nada que recordar, salvo la inoperancia y la privatización de empresas estatales, es el resultado de la tercera etapa: Jaime Paz

 

Enajenación de las empresas públicas y el patrimonio nacional (reversión del proceso de 1.952) es el rasgo dominante del cuarto periodo combinado con brutal represión y sangre: Gonzalo Sánchez.

 

Crisis, caos, crisis, inoperancia, crisis, sinónimos de la etapa siguiente: Hugo Banzer y Jorge Quiroga.

 

Más crisis y mucha sangre y muertos por la represión, es lo único que hasta ahora se llega a visualizar en la gestión actual: Gonzalo Sánchez.

 

El loteo del Estado y la corrupción generalizada, institucionalizada y maximizada y la exclusión absoluta de la población, es lastimosamente hasta hoy, el factor común de las gestiones de gobierno autodenominadas “demócratas” en Bolivia, que no tienen nada que ver con la semántica ni el significado o propósito de la palabra.

 

La comunidad internacional engañada por las voces oficiales, tampoco escucha lo que la población pide y la espiral continúa, la corrupción y el engaño que beneficia a unos cuantos, la pobreza, exclusión y humillación para millones de bolivianos.

 

  

 

 

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