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Los Gobiernos Locales de Bolivia
Desde el
inicio del periodo de la República, en Bolivia existieron las
Alcaldías Municipales, las mismas que generalmente fueron
concebidas como entes asociados a espacios físicos urbanizados, es
decir: ciudades y pueblos.
Sus funciones
nunca estuvieron claras pero se relacionaron siempre con la
recaudación de tributos urbanos (autorizaciones para
urbanizaciones, para construcciones y licencias para actividades
comerciales) de donde teóricamente se podrían generar recursos.
Las funciones
municipales abarcaban teóricamente todo tipo de obras y servicios:
infraestructura de calles, avenidas, plazas y ornato urbano,
servicios básicos de dotación de agua potable, provisión de
energía eléctrica, transporte, recolección y acopios de basura,
recolección y tratamiento de aguas servidas y negras, servicios de
transporte de pasajeros, teléfonos, etc.
Demasiadas
tareas y pocos recursos.
Nunca hubo la
eficiencia necesaria para recaudar y menos para ejecutar. Las
alcaldías se convirtieron en agencias de empleos de los gobiernos
de turno, simples entes que recaudaban el dinero suficiente como
para pagar a los empleados y los negocios del partido que se
acomodaba en su estructura.
Una exacta
calca de la estructura del gobierno central. El atraso y las
graves deficiencias en infraestructura y servicios fueron y son
patentes hasta hoy en las ciudades y poblaciones bolivianas.
Un cambio
estructural parcial importante se dio en éste nivel administrativo
a partir de 1.985.
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Ley de Participación
Popular
La Alcaldía
de Santa Cruz de la Sierra, en años previos a 1.985, intentó
revalorizarse a sí misma a través de una administración que quiso
ir mas allá de ser un simple empleador, proponiendo un ambicioso
plan de infraestructura a largo plazo y generando condiciones para
que los entes financieros le aceptaran como sujeto de crédito; lo
que generó la inspiración necesaria como para creer que las
Alcaldías podían convertirse en importantes gestores del
desarrollo local.
Coincidentemente, por aquellos años surgieron las corrientes del
“desarrollo local”, que como complementación a la globalización
mundial que se propagaba, proponían el equilibrio competitivo
local como la mejor alternativa.
Bajo éstos
influjos, en Bolivia se instituyó la municipalización del
territorio nacional y su administración, a través de la Ley de
Participación Popular.
Mediante éste
instrumento legal, el territorio de Bolivia fue íntegramente
dividido en municipios o jurisdicciones municipales apelando a la
división política territorial en Departamentos, éstos en
Provincias y éstas a su vez en cantones que fueron las actuales
secciones municipales.
Se tomó como
base la delimitación de los espacios territoriales
correspondientes a éstas secciones municipales con algunos cambios
y adaptándose algunas realidades y conflictos a los nuevos
esquemas.
Existen por
consiguiente 314 municipios con diversas características: los hay
casi enteramente urbanos, enteramente rurales y también mixtos.
Algunos tienen grandes poblaciones y recursos y otros no. Lo único
en común que tienen todos son sus grandes y múltiples necesidades,
variando solo en el grado de las mismas.
Cada
municipio o jurisdicción territorial tiene su respectiva capital
donde se sitúa la sede del Gobierno Municipal o Alcaldía.
En los casos
de ciudades capitales de Departamento se definieron las “secciones
capitales” coincidiendo con ellas y delimitando sus espacios
territoriales físicos.
Sin embargo,
además del reordenamiento territorial también se establecieron
algunos cambios en el orden administrativo, como por ejemplo la
asignación de recursos en función del número de habitantes de cada
municipio a tiempo de definirse también tareas específicas en la
obligación municipal.
Por otro
lado, las alcaldías mantuvieron sus ingresos propios tradicionales
a través de la recaudación de algunos impuestos y tasas locales y
por su parte el gobierno central estableció mecanismos de
compensación para los municipios o regiones más pobres, aparte de
proponerse también la posibilidad de mancomunarse o unirse entre
municipios para determinados objetivos comunes.
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Los Municipios
A partir de
éste nuevo escenario y la ley de municipalidades, Bolivia entró en
un periodo en el que centró su atención en éstas estructuras, por
estar más cercanas al poblador.
El poder
local, está pues centrado en el Gobierno Municipal.
Este, a su
vez tiene su parte Ejecutiva encabezada por el Alcalde a quien
secundan sus “oficiales mayores” que tendrían que ejecutar las
disposiciones y planes y administran, por tanto: los recursos
humanos, técnicos y económicos disponibles.
La otra
parte, la legislativa, está formada por los Concejos Municipales
que tienen por misión –teóricamente- dictar las disposiciones
legales necesarias para ejecutar las políticas que proponga el
ejecutivo y las que fueran necesarias para mejorar la vida de los
pobladores.
Paralela y
supuestamente, se establece también que los Concejos Municipales
deben fiscalizar las tareas del organismo Ejecutivo Municipal y
vigilar el cumplimiento de las disposiciones del llamado “Organo
Deliberante” (Concejo Municipal)
En la
práctica, similarmente al caso de la estructura del gobierno
central de la república, los problemas surgen del sistema
electoral puesto que los votantes que participan en las elecciones
municipales que se deben realizar cada cinco años, NO eligen al
alcalde de manera directa, sino a los Concejales quienes de entre
ellos, definen al Alcalde.
Este proceso,
como es de suponer y de igual manera que en el congreso nacional,
ha sido deformado y se ha degenerado de tal manera que los
alcaldes salen elegidos como fruto de las más oscuras componendas
e increíbles pactos y acuerdos subterráneos.
Condicionantes inaceptables como la repartija de cargos públicos y
cuotas de poder, paralización o anulación de procesos legales o
administrativos, conducta de tratamiento de leyes locales,
adjudicación de contratos por obras y servicios municipales,
favoritismos en las regulaciones de efectos millonarios como la
inclusión y urbanización de tierras, valoración de las mismas,
dotación de infraestructura y servicios, tráfico de influencias
para compras de bienes, aprobación de proyectos, y otras
aberraciones morales se practican como resultado del “sistema”
electoral planteado.
Cada
municipio en mayor o menor escala ha sido y es víctima en Bolivia
de éste manoseo y corrupción en alto grado, pasando los planes de
desarrollo, obras y beneficios para la comunidad a un tercer
plano, por lo que la postergación y el atraso es dramático y cada
día se aleja más la posibilidad de poder cubrir las necesidades
más elementales por lo menos en un grado mínimo.
Las maniobras
y maquinaciones no se restringen al espacio municipal sino que son
parte de las componendas nacionales o interpartidarias que
consideran a los gobiernos municipales como materia negociable
total o parcialmente, existiendo canjes e intercambios,
condicionamientos y chantajes, alternabilidad forzada, rotaciones,
secuencias, destituciones y otras imaginativas creaciones para
usufructuar de las escasas arcas municipales que como en el caso
de la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra por ejemplo presupuesta
alrededor de cien millones de dólares anuales.
El loteo de
tierras, encubierto por planes de crecimiento urbano y ordenanzas
(leyes municipales) con fondo social a cambio de votos y apoyo de
la gente, ha dado como resultado verdaderos potentados que
usufructúan sus millonarios frutos y se incrustan progresivamente
en otras esferas de poder, respaldados por sus amplias “bases”,
sin otras virtudes ni argumentos que su comercio con los bienes
públicos y la explotación de las necesidades y la pobreza de la
gente.
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Control Social
El supuesto
control social del poder local, teóricamente tendría que ser
ejercido por el Concejo Municipal. Sin embargo los miembros del
mismo eligen al Alcalde y de manera obvia y necesaria, formal u
ocasionalmente deben ser sus partidarios para hacerlo.
Este hecho
desvirtúa absolutamente el supuesto control, de manera similar a
lo que ocurre con el Gobierno Central y el Congreso.
En la
práctica la fiscalización no existe y menos una probable sanción
si fuera necesario, sino todo lo contrario: el contubernio y el
encubrimiento, atropellando la ley y la ética se dan todos los
días.
Las alcaldías
se han convertido en pequeñas estructuras dictatoriales secundadas
por los Concejos y la impunidad.
La misma ley
de participación popular, crea los Consejos de Vigilancia, ente
supuestamente fiscalizador de la gestión municipal teóricamente
formado por representantes de la comunidad elegidos a su vez por
el voto de los pobladores, organizados –también teóricamente- de
manera abierta y transparente para éste
fin, a través de las llamadas OTB u Organizaciones Territoriales
de Base.
En la
práctica, muy rara vez se ha logrado aplicar la parte de la ley
que establece organizar a la comunidad, sino que los mismos
políticos que aprobaron la ley jactándose de sus alcances,
promovieron la validación de antiguas estructuras de organización
social manipulada y manejada por los partidos políticos como las
juntas vecinales en el caso de las ciudades.
Todo intento
de impedir ésta deformación a tiempo mismo de iniciarse la
aplicación de la ley, ha sido imposible puesto que la personería
legal de las OTB es “aprobada” por el mismo Concejo Municipal,
condicionante de funestas consecuencias.
La
dependencia y el servilismo de estos esquemas incrustados
premeditadamente entre el pueblo, siempre ha sido cuestionado por
la verdadera comunidad nunca representada.
La esperanza
que planteaba la nueva ley, se disolvió rápidamente después de ser
promulgada, aunque sirve de mucho para los discursos políticos que
sacan sus propias conclusiones y para que algunos mentores de
oficio de la misma hagan carrera como sus expositores.
Los llamados
“Comités de Vigilancia”, han resultado en la práctica: apéndices
de los partidos políticos y trastiendas de las alcaldías, jamás
lograron cumplir su cometido, siendo su actuación absolutamente
nominal e improductiva para la comunidad, aunque no para ellos
mismos que aprovechan para obtener privilegios.
Similar
suerte corren todos los mecanismos de control social supuestos en
Bolivia, no existiendo ningún medio que permita al habitante
reclamar por lo correcto.
Resultado de
ésta situación es que posiblemente el visitante se extrañará de
ver continua y frecuentemente, tanto en el campo como las ciudades
de Bolivia: marchas, protestas, huelgas, bloqueos de calles,
bloqueos de caminos y otros medios que la comunidad utiliza para
poderse hacerse escuchar, aunque raramente lo logra.
La
indiferencia y la represión son los únicos medios utilizados para
responder a las iniciativas de la comunidad.
La comunidad
internacional engañada por la propaganda oficial, suele apoyar la
“democracia” cual si fuera ella la que clama por su estómago y la
injusticia.
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