23/08/2008

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Fiestas y Festividades de Bolivia

    

Las Fiestas y Festividades en Bolivia

 (Ver Calendario de Eventos y Festividades

La recordación de acontecimientos históricos de la guerra de la independencia y las fundaciones o creaciones de distintas ciudades y pueblos, marcan fechas en el calendario cívico para diferentes formas de celebraciones. 

Por otra parte, sobretodo como herencia de la dominación española, en Bolivia se practica mayoritariamente la religión católica. 

Como consecuencia de ello, en el calendario nacional aparecen varias fechas como feriados nacionales que tienen relación con festividades religiosas de ésta iglesia, algunas compartidas también en otras tendencias sobretodo cristianas. 

Al mismo tiempo, mezcladas con algunas de éstas celebraciones religiosas existe una extraña simbiosis con costumbres paganas de las diferentes etnias originarias de los territorios ocupados por los españoles, lo que con el tiempo ha generado curiosas celebraciones en las que los ritos y misticismo de las culturas autóctonas se combinan con la fe religiosa. 

La cultura predominante en las zonas occidentales define a la “Pachamama” como la diosa “madre tierra” que reina en un mundo en el que habitan los vivos y las almas de los muertos. 

Los españoles no tuvieron gran dificultad en que los nativos aceptaran las imágenes de las vírgenes y los santos, aunque éstos lo hicieron sin abandonar sus propias creencias. 

En las festividades de mayor relevancia para los pobladores de las distintas regiones y lugares de Bolivia, es costumbre celebrar “entradas” (desfiles) de bailarines que representan numerosos estilos de danzas: algunas de orígenes enraizados en las culturas precolombinas, otras que han ido surgiendo en la colonia como resultado de las vivencias de los indígenas explotados por el conquistador y sometidos a las imposiciones de la nueva cultura y creencias religiosas junto a su propio ancestro. 

Al paso del tiempo, la viva participación de la gente boliviana, multiétnica y pluricultural han ido transformando algunas expresiones e inclusive generando algunas nuevas, en un constante cultivo de elementos como la música, los vestuarios, los ritmos y pasos de los danzantes, el significado ritual y diversas formas de expresar los íntimos sentimientos populares, en medio de una rica y creativa manifestación artística de color, ritmo e imágenes únicas e impresionantes para cualquier visitante. 

Los propios bolivianos que no participan como bailarines, músicos u organizadores (movimiento de grandes recursos) asisten masivamente a los espectáculos que cada vez crecen en magnitud y magnificencia, generando inclusive grandes movimientos de viajeros que provenientes de todas las latitudes del territorio se concentran para convivir y espectar las celebraciones, entre ellos muchos extranjeros. 

Tal es el impacto de algunas de éstas festividades que las líneas aéreas, servicios de transporte terrestre, hoteles e inclusive personas particulares tienen que efectuar tareas de emergencia redoblando esfuerzos para atender a los visitantes. 

Las repúblicas vecinas como Perú, Chile y Argentina especialmente, a pesar de tener sus propias corrientes artísticas, reciben una significativa influencia de la riqueza folklórica de Bolivia principalmente en sus zonas aledañas, presentando algunas danzas, vestimentas, versiones musicales y actuaciones que intentan parecerse a aquellas e inclusive las presentan al mundo como propias. 

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Fiesta Cívica Nacional                                    

  

En Bolivia la Fiesta Nacional en celebración de la independencia de la República (1.825), es el 6 de agosto. 

En todo el territorio se realizan actos conmemorativos, generalmente en las todas las ciudades y pueblos y hasta en las mas recónditas comunidades en las que exista una escuela o autoridad formal. 

El programa típico es: una concentración de las llamadas “fuerzas vivas” de cada lugar (empleados, estudiantes, trabajadores, comerciantes, soldados, etc.) en la que las autoridades de turno dicen discursos alusivos a la fecha es seguida normalmente por una desconcentración y desfile de los participantes ante un “altar patrio” o arreglo decorado con banderas, el escudo nacional y las figuras de los libertadores Simón Bolívar y José Antonio de Sucre, al son de marchas entonadas por bandas militares u otras.  

En los centros de mayor población, muchas veces los acontecimientos descritos se fraccionan en tres, por la cantidad de participantes y la duración de los desfiles. 

El 5 de agosto es el desfile escolar, el 6 es de empleados, trabajadores y pueblo en general y el 7 (día de las fuerzas armadas) de los soldados. 

Embanderado de edificios, “verbenas” populares callejeras en la noche de la víspera, (reuniones públicas nocturnas animadas por música, comidas y bebidas nativas) y en contraste: misas de “te deum”, reuniones sociales y banquetes oficiales, son algunos otros acontecimientos que tradicionalmente se realizan. 

Sin embargo, durante la “fiestas patrias” la mayoría de la población se dedica a sus actividades personales o familiares, mucha gente comparte momentos con sus allegados y otros viajan a localidades cercanas. 

Los más interesados en demostraciones públicas son las autoridades públicas y políticos, en su afán de mostrarse al pueblo; ya que el resto del año generalmente le hacen flacos favores a la patria, por lo menos es lo que en Bolivia está muy claro y fuera de dudas; mientras que la población hace patria viviendo y trabajando honradamente.

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Otras Fiestas Cívicas y Locales                       

 

Cada uno de los nueve Departamentos de Bolivia tiene fijada su propia fecha cívica, día que es feriado en todo “su” territorio: 

 

  • 16 de Julio en La Paz

  • 14 de Septiembre en Cochabamba

  • 24 de Septiembre en Pando y Santa Cruz

  • 10 de Noviembre en Potosí

  • 25 de Mayo en Chuquisaca

  • 10 de Febrero en Oruro

  • 15 de Abril en Tarija

  • 18 de Noviembre en Beni.

  

En todos los casos, las celebraciones son similares a lo descrito para la fiesta nacional, con la única diferencia de que solo se realizan en el Departamento festivo. Fuera de el, en el resto del país todo es normal, salvo actividades para los nacidos en el Departamento festejado que en ocasiones hacen homenajes y realizan algunas celebraciones en los distintos lugares en que casual o permanentemente residen.  

Algunos de los actuales Departamentos de Bolivia y sus ciudades capitales tienen orígenes en la colonia española, durante la que fueron dotadas de “escudos de armas”, tal es el caso de Potosí o La Paz e inclusive bandera (Potosí). 

Hoy en día sin embargo, todos tienen escudos, banderas e himnos diferentes, en un interesante y curioso afán de diferenciarse unos de otros a través de éstos símbolos. 

Las demás ciudades y pueblos van por el mismo rumbo y cada uno, chico o grande, tiene su propia fecha de celebraciones y hasta algunos símbolos adoptados.  

En cada lugar se resaltan las diferencias y si no las hay se las recrea, para cultivar la “identidad” según se argumenta generalmente. 

Hasta los barrios de las ciudades tienen fechas de aniversario, algunas calles, plazas o avenidas y sin duda que todos y cada uno de los sectores poblacionales la tienen también. 

En Bolivia, además de algunos universales como el “día del trabajo” existe también el día del trabajador en salud, del fabril, del constructor, del médico, del campesino, del economista, del ingeniero, del abogado,  del carpintero, del maestro, de la mujer, de la secretaria, del estudiante  y de todos los oficios existentes, con la correspondiente suspensión de actividades o “tolerancias” (suspensiones disimuladas) durante las celebraciones.  

Día de la amistad, del amor, de la raza, de la ecología, de la tradición, de los inocentes (religioso), de las comadres, de los compadres, de la bandera y de los perritos, son algunos que se conmemoran.  

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El Carnaval                                                     

 

(ver Carnaval de Oruro, Carnaval de Santa Cruz de la Sierra, Carnaval de Vallegrande)

Sin duda, es la mayor ocasión en que los valores vernaculares salen a flote en todas las regiones y lugares del territorio. 

Durante por lo menos cuatro días (sábado, domingo, lunes y martes de carnaval), feriados nacionales en todo el país, que suelen alargarse  toda una semana para mucha gente y también en muchos lugares especialmente rurales: los bolivianos cantan, bailan, comen lo mejor de su gastronomía y en gran medida consumen bebidas alcohólicas en sus diversas formas según sus gustos y condiciones económicas. 

La versión más importante de éstas celebraciones está en Oruro, “capital folklórica de Bolivia”, ciudad muy próxima a La Paz, cuyo carnaval ha sido declarado por la UNESCO como “Patrimonio Cultural de la Humanidad”. 

El día sábado, primer día de carnaval, se produce la “entrada” (desfile) en Oruro, con miles de bailarines separados en grupos que representan distintas danzas tradicionales. 

Los más famosos bailes y representaciones son “La Diablada”, en la que los danzantes van disfrazados de diablos con espectaculares máscaras y bellos atuendos, les acompañan las diablas (mujeres disfrazadas), el ángel que lucha con ellos, osos, cóndores y otros añadidos a ritmo de gigantescas bandas de música que también participan del baile con movimientos rítmicos. 

“Las morenadas”, con sus espectaculares trajes, los “auqui auquis”, los “caporales”, los grupos de “saya”, “llameradas”, “kullaguadas”, representaciones del “pujllay”, del “thinku” y muchas otras, son las múltiples formas del gigantesco desfile que se prolonga por doce o más horas, rodeados de miles de visitantes. 

Los bailarines terminan su presentación de rodillas ante la imagen de  “la virgen del socavón” a quién rinden honores y hacen nuevas promesas para los próximos años.  

En todas las ciudades y pueblos de Bolivia el carnaval tiene sus “entradas”, pero éstas difieren en los estilos, magnificencia y expresiones. 

El caso más parecido a Oruro, por lo menos en parte, es el “Corso de corsos” de Cochabamba, que se realiza el siguiente sábado al de Oruro y en general cuenta con la participación de varios de los mismos grupos que viajan a participar del nuevo espectáculo. 

En todos los lugares del país se realiza el “corso de carnaval” o desfile de grupos carnavaleros. 

No todos los corsos son de tipo folklórico, aunque en la mayoría participan grupos de éste tipo. 

En La Paz, el corso tiene la virtud de ser de libre participación, es decir que además de grupos organizados, pueden también intervenir otros grupos o personas individualmente, o los espectadores requiriendo o no, algún disfraz (generalmente) y alegría. 

Son clásicos los “pepinos”, coloridos disfraces que cubren todo el cuerpo (enterizos) con algún parecido a los arlequines pero con una mascara grotesca. Personas sueltas, hombres y mujeres, grupos de amigos y familias enteras se disfrazan y disfrutan del anonimato y la alegría colectiva.  

Estos bailarines que se cuentan por miles, son el alma del carnaval paceño ya que se divierten y divierten a los espectadores burlándose de ellos o golpeándolos con sus “matasuegras” (como un laque pero inofensivo, de cartón). 

Los disfrazados son mas bien ingeniosos y burlescos antes que caros o lujosos y el espíritu que reina es de diversión antes que de espectáculo mismo. Animados conjuntos y bandas musicales participan y se pueden apreciar parte de las tradiciones originarias y otras de carácter mestizo. 

Abundante serpentina (tiras de papel), mixtura (papel picado) y espuma en dispersores se usa jocosamente. 

En Potosí y Sucre, los grupos carnavaleros son de dos clases casi en correspondencia a la estratificación social: bailarines autóctonos llamados “pandillas” de origen popular y grupos juveniles llamados “comparsas” formados por los hijos y personas de las familias de clase media.  

Las pandillas suelen reflejar las tradiciones nativas y mestizas, en bailes de parejas que circulan por las calles, generalmente con atuendos especiales y en las zonas populares, llegando a veces hasta las zonas céntricas. 

Las comparsas en cambio, en el caso potosino son parejas de jóvenes hombres y mujeres que recorren también las estrechas calles céntricas de la ciudad, bailando al son de bandas de música que entonan ritmos nacionales y otros estilizados o adaptados a las bandas. 

De tramo en tramo, “descansan” en casas elegidas de antemano, donde comen y beben para “calentarse” por el intenso frío del lugar y el agua que los transeúntes les arrojan mediante globos inflados, baldes y recipientes o mangueras instaladas en las puertas de casas, ventanas y desde donde se pueda, en una mojazón colectiva que se inicia en la mañana y termina en la noche. 

También en Potosí, en ésta festividad se fabrican y consumen los preciados “confites” locales, que son caramelos esféricos con diversos rellenos en medio, los que también se suelen enviar al interior y hasta al exterior del país como tradicional presente. 

En Sucre en cambio, las comparsas reúnen solo a los jóvenes varones que en grupos recorren las calles jugando con agua y mas bien en las “casas de descanso” se juntan con las mujeres, para bailar y compartir bebidas o arrojarse “cascarones” (cáscaras vacías de huevo de gallina, rellenadas con agua) entre todos, acción que también ocurre en las calles y donde todos participan. 

Tarija, presenta una entrada o corso con grupos de danzas y carros adornados con alegorías al carnaval, con gran influencia de las actividades agrícolas de la zona, destacando la vestimentas tradicionales y la música local, instrumentada con cajas (especie de tambor muy bajo), el “ercke” (instrumento de viento, como un cuerno) y violines. 

Santa Cruz de la Sierra, tiene una celebración del carnaval muy llamativa y en parte diferente a las expresiones descritas. 

El “corso”, que se realiza el sábado de carnaval, está formado por grupos llamados “comparsas” en los que participan generalmente parejas de jóvenes o mayores (una peculiaridad es la participación de personas de todas las edades). 

Estos grupos, organizados y registrados en la Alcaldía local, se presentan uniformados de manera sencilla pero vistosa, con atuendos coloridos o alegorías tradicionales, acompañados de bandas de música que entonan ritmos orientales de Bolivia con los cuales “saltan” (bailan) por el recorrido trazado de antemano. 

Muchos de éstos grupos preparan grandes carros alegóricos, algunos de los que son espectaculares con acciones móviles e iluminados, con diversos motivos relacionados con las tradiciones locales, que hacen las delicias del público asistente que se vuelca por miles a espectar el prolongado desfile, cuya mayor parte se realiza en la noche, hasta el amanecer del domingo.  

Es costumbre nombrar “reinas” de cada comparsa, las que se exhiben al público en los carros decorados, con vistosos trajes. También hay una “reina del carnaval”. 

El resto de los días las comparsas salen por las calles céntricas bailando y bebiendo en puestos (kioscos) y casas específicas instaladas  para este fin, donde se venden productos afines a la fiesta. 

El carnaval en Bolivia, para muchos suele ser mejor y más divertido en los pueblos y las provincias, por ser participativo y no sólo para espectar, donde la regla general es compartir y la gente no hace diferencias entre los lugareños y los forasteros, ni entre los escogidos o no, lo que obviamente gusta mucho a los visitantes que se sienten acogidos y hasta preferidos. 

Es famoso el carnaval de Vallegrande, población valluna, cercana  a Santa Cruz de la Sierra, donde la alegría, música, comida, bebida y amistad es para todos, en un acogedor ambiente muy peculiar, de dicciones y tonadas musicales propias. 

Los pueblos del valle cochabambino, tanto por la zona de Cliza, Tarata, Punata, Arani y otros por la zona de Mizque o Aiquile, son muy visitados por propios y extraños para las festividades de Carnaval, siendo apetecidas las sabrosas comidas de la zona y la abundante “chicha” (bebida del lugar echa de maíz fermentado u otros granos) 

Por el sur de Bolivia: Camargo, Villa Abecia y otros pueblos cercanos a Tarija, son también cotizados por su acogedor clima, comidas campestres, sabrosos vinos y “singanis” (bebida nacional echa de uva). 

En general, Bolivia se paraliza para la festividad del carnaval, y no hay comunidad o lugar donde no se realicen festejos al estilo de cada uno. 

Además de las “entradas” y desfiles; existen también “corsos infantiles” en los que participan niños disfrazados. 

En todas las ciudades, pueblos y lugares los bailes callejeros son comunes; en centros mayores son también tradicionales los bailes de disfraces que pueden ser públicos o también privados, bailes de acceso público (pagado) se organizan en grandes locales con renombrados conjuntos y orquestas del momento y la mayoría de los locales nocturnos ofrecen algún atractivo especial con éste motivo. 

Casi en todos los lugares se juega con agua, lo que consiste en mojarse unos a otros y para lo cual el comercio dispone de todo tipo de artefactos como pistolas o armas que disparan chorros de agua, “bombas” de fabricación local que hacen lo mismo a gran caudal y distancia, globos (“vejigas”, en el oriente) llenos de agua que se arrojan a cuanta persona asome. Se usan también todo tipo de recipientes, mangueras, estanques o piscinas donde se echa a las personas y todo lo que pueda servir con el fin de mojar al prójimo. 

En Santa Cruz de la Sierra se ha degenerado esta práctica usándose tintas, agua sucia, pintura o  barro para arrojar a las ropas y cara de las personas, además de pintarrajear paredes de edificios, vehículos y todo lo que sea visible cometiéndose algunos abusos; lo que hace que mucha gente tranquila se abstenga de salir de sus domicilios durante estos días o haga viajes a otros lugares. 

En las noches existen bailes privados y públicos; de día las familias se reúnen para compartir “churrascos” o “parrilladas” (carne a la parrilla) con guarniciones, jugar con agua, bailar y divertirse. 

El día martes de carnaval, se celebra también una difundida costumbre que proviene del altiplano, llamada “ch’alla”, que consiste en un rito que se realiza primero adornando con globos, serpentinas (tiras de papel) y mixtura (papel picado) todas las cosas importantes para las personas: negocios, vehículos, casas y otros objetos; para luego proceder a encender la “koa” que es un sahumerio autóctono con el que se ahuma el ambiente y se deja arder hasta que se consuma.  

Simultáneamente el interesado, su familia y otros allegados proceden a “regar” (echar cerveza o con otra bebida alcohólica) los mencionados objetos y sobretodo el suelo o piso del lugar como ofrenda a la “pachamama” o diosa tierra (madre tierra), luego de lo cual las personas presentes beben, revientan “cohetillos” (viene de “cohete”, pequeños dispositivos que explotan, fabricados con pólvora), a veces lanzan “fuegos artificiales” (artefactos pirotécnicos, que dependen de la motivación y posibilidades económicas), generalmente degustan comidas  especiales y a veces bailan, usan bandas musicales y alargan las celebraciones. 

Se dice localmente que siempre se debe “ch’allar” para que vaya bien a las personas, los trabajos, negocios y actividades.  

El día miércoles después de carnaval se conoce como “miércoles de ceniza”, el siguiente sábado como “sábado de tentación” y el domingo como “domingo de tentación”. 

En muchos lugares, éste último fin de semana continúan las fiestas y también se suele “enterrar” simbólicamente al carnaval en medio de llantos y lamentos burlescos. 

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Desfiles Folklóricos                                        

 

(Ver Carnaval de Oruro)

Teniendo como patrón el exitoso y apreciado Carnaval de Oruro, descrito básicamente como un desfile de grupos de danzas folklóricas y autóctonas, a través del tiempo en Bolivia ésta manera de realzar las celebraciones y festividades se ha difundido tanto que prácticamente se puede disfrutar de espectáculos relativamente similares durante todo el año, en diversas fechas y lugares. 

El mayor de todos es probablemente la “entrada” de la “Festividad del Señor del Gran Poder” que se realiza cada año en la ciudad de La Paz desde 1.939. Antiguamente solo de manera reducida pero hoy majestuosa,  esta gran entrada o desfile folklórico pasa por las principales calles y avenidas del centro de La Paz y agrupa cada vez con mayor fuerza a los  diferentes estratos sociales como los grupos migratorios indígenas,  mestizos, clase media y otros que participan del evento. 

La imagen del “Señor del Gran Poder” está plasmada en un cuadro que data de los años 1.600 y representa al “hijo de dios” y se alberga en la “Iglesia Parroquial del Gran Poder” ubicada en una populosa zona de La Paz, donde se concentra toda la fe religiosa que motiva el evento.  

Miles de danzarines en numerosos grupos que reúnen todas las expresiones del rico folklore boliviano, muestran su arte y entusiasmo a los aún más numerosos espectadores, locales y visitantes. 

Las celebraciones de la “Fiesta de la Virgen de la Asunción” o “Asunta”, más conocida como de “Urkupiña”, se realizan cada 15 de Agosto en la  ciudad  de Quillacollo, aledaña a Cochabamba. 

Desde el “Templo de Quillacollo” hasta el “Templo del Calvario” distante a 4 kilómetros y ubicado en el cerro de “Urkupiña”, se traslada la imagen de la Virgen, en el “día del calvario” o 16 de agosto, en una romería acompañada por miles de peregrinos que viajan desde diversos puntos de Bolivia a cumplir promesas realizadas a la virgen y pedirle bendiciones. 

Igualmente se realiza una majestuosa “entrada” de grupos de danzas folklóricas y autóctonas que reúne a miles de bailarines. 

Numerosos ritos y creencias envuelven a las celebraciones, por ejemplo algunas personas recogen piedras de la zona, lo cual, es el “dinero de la virgen” que lo multiplicará a favor de los creyentes. 

Otra imponente celebración es la  “entrada” de los “Chutillos” en la ciudad de Potosí, la que igualmente concentra cada año a miles de bailarines en similar demostración, en la que además se nota la influencia de la música y  costumbres de las zonas de Chuquisaca, Oruro, parte de Cochabamba y sobre todo el norte de Potosí. 

Recientemente en Santa Cruz de la Sierra se ha implantado la “entrada” de la “Fiesta de la Virgen del Carmen”,  que coincide con la celebración del “16 de Julio” fiesta de La Paz. 

Los paceños que residen en gran número en la ciudad oriental  encabezan la organización de éste desfile, que concentra a muchos grupos folklóricos locales pero mayormente de origen occidental  y otros que llegan de otros puntos de Bolivia, principalmente altiplánicos. 

Aparte de los desfiles ya mencionados, existen las “entradas” folklóricas universitarias en varias ciudades de Bolivia, las cuales congregan a grupos de jóvenes que practican y exponen sus habilidades como bailarines. 

Eventos parecidos de menor envergadura, están diseminados por todo el territorio con diversos sesgos según la zona. 

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El “Pujllay”                                                       

 

Tarabuco, cerca de Sucre, es una población indígena muy representativa por la peculiaridad y conservación de sus vestimentas, forma de vida y costumbres. 

Anualmente, cada 12 de marzo,  se celebra el “pujllay” conocido también como el “carnaval de Tarabuco”, que reúne a las comunidades de la provincia de Yamparaez de Chuquisaca. 

Esta celebración está relacionada con las actividades agrícolas de la siembra y la cosecha y presenta lo mejor de éstos grupos nativos. 

La colorida vestimenta formada por sus “almillas” o camisas hiladas por ellos mismos en color negro; los calzones blancos anchos y cortos, cubiertos parcialmente con un paño negro; los “chumpis” o fajas sobre pequeños ponchos en la cintura, de multicolores de intensos tonos en los que predomina el rojo; sus pesadas “abarcas” (sandalias) con gruesas suelas y espuelas que suenan al ritmo de la música interpretada con los “pinquillos” (especie de flautas largas) y los “tokoros” nativos, forman un impresionante y atractivo conjunto digno de verse. 

Además visten una especie de  fajas o cinturones de cuero, el “unku” que es otro pequeño poncho sobre los hombros. Los hombres llevan “monteras” o cascos adornados con cintas de colores y las mujeres con una especie de gorros adornados con lentejuelas y alas planas encima.  

Todo en combinación con pañuelos de colores que simbolizan el júbilo que sienten por la fiesta. 

Los ponchos de Tarabuco son de gran vistosidad y muy apreciados por la calidad de los tejidos locales.  

En los lugares donde se celebra el “pujllay” se suele armar la “pucara” que es una estructura de ramas de madera en la que se fijan frutas, golosinas, panes y “rosquetes” (masa horneada en forma de rosca) las que después de la ceremonia de ofrenda a la “Pachamama” o “Madre Tierra”, se reparten entre los presentes.  

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El “Thinku”                                                      

 

(Ver La capital del Thinku)

Al norte de Potosí, en “Toro Toro”, cada 25 de Julio se reúnen las comunidades de la zona para las celebraciones de “San Santiago El Mayor”.  

Igualmente en otros lugares de la región como Macha y Pocoata, los grupos originarios como los “laimes”, “jucumanis” y “pampas” suelen concentrarse para celebrar el famoso “thinku” (encuentro, en lengua nativa) que es un acto en el que hombres de un grupo pelean con los de otro, a golpes y latigazos en una especie de rito ceremonial tradicional que representa las disputas que desde siempre han estado presentes entre las comunidades de ésta zona tan árida en la que la lucha por sobrevivir ha sido muy difícil. 

Se cuenta que supliendo los cruentos y masivos encuentros entre comunidades, ellos mismos optaron por establecer el “thinku” o encuentro entre dos representantes elegidos por los grupos en confrontación, para dilucidar sus diferencias en una pelea a muerte. 

Hoy en día el “thinku” se conoce como una danza ritual de muy peculiares pasos y movimientos, en medio de la que se simulan combates a golpes entre algunos de los participantes varones.  

Se exhibe en todas partes del país y ha alcanzado tal difusión que se practica hasta en las escuelas de los lugares más alejados y diferentes de lo que puede ser el norte potosino. 

“Jula-julas”, instrumentos nativos y “charangos” (pequeño instrumento de cuerdas, con caja de resonancia formada por el caparazón de un “quirquincho”, animal nativo parecido al armadillo o en su caso de madera) entonan la música de las festividades de la zona. 

En el “thinku” se destaca la montera o casco de los varones, fabricado de cuero, muy duro y que cubre toda la cabeza además de alas ligeramente salientes hacia delante.

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San Ignacio de Moxos                                     

 

Totalmente diferente a las anteriores, esta la “Fiesta de San Ignacio de Loyola” en la población de “San Ignacio de Moxos”, situado en la región beniana (Beni, uno de los nueve Departamentos de Bolivia) de Moxos, que es una enorme sabana en plena zona tropical.  

Este poblado, es uno de los fundados por los misioneros jesuitas que en la colonia hicieron su labor religiosa en toda la región oriental tropical de Bolivia y parte de Paraguay. 

Los “tintiririntis” (especie de  heraldos) a caballo, anuncian el inicio de la fiesta con un tambor de tipo nativo. 

En ésta fiesta se pueden espectar varias danzas autóctonas del oriente boliviano, entre las que sobresale la ritual llamada “los macheteros” en que los bailarines visten sus “sayas” o túnicas, tienen sandalias adornadas  con dientes de “anta” (animal mamífero nativo, similar al tapir) y llevan unas tocas de grandes y coloridas plumas de “parabas” (hermosa y multicolor ave nativa parecida al guacamayo de centro américa) en la cabeza, en la mano un machete de madera representa un arma para guerrear. 

Disfraces que representan al sol, la luna, el jaguar y animales de la región se pueden observar entre los participantes que danzan al ritmo de tambores y flautas nativas (tallo de caña hueca con  hueco lateral para soplar), grupos musicales más conocidos como “tamboritas”.  

En otra danza, las mujeres vestidas con coloridos “tipoi” (especie de vestido de una sola pieza, colorido) danzan trenzando cintas multicolores en un palo. 

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La Fiesta del Ekeko                                      

 

Conocida también como la fiesta de “Alasitas” (que según algunos proviene de una voz que significa “cómprame”), es originaria de la zona de La Paz pues es de tradición aymara. 

“Ekeko” se deriva de una voz aymara que significa “fortuna”. El  “ekeko” es considerado como una representación de la suerte, la abundancia, la fortuna. 

Originalmente la celebración se realiza cada 24 de enero en La Paz y dura hasta el 4 de febrero, sin embargo hoy en día es una celebración muy difundida que se repite en toda Bolivia. 

Se dice que cuando los españoles lograron salvar la ciudad de un terrible sitio al que la sometieron grupos indígenas, se restableció una costumbre de los indígenas que fabricaban pequeños ídolos de piedra, haciendo  que la población celebre ofreciendo  a los demás, objetos en miniatura. 

Existen antecedentes e inclusive muestras de que la práctica de fabricar miniaturas en piedra (piedra negra basalto en las cercanías del Lago Poopó en Oruro y piedra andesita en orillas del Lago Titicaca en La Paz) igualmente en cerámica y metales, data de tiempos precolombinos.  

En el museo de Tiahuanaco (La Paz) existen objetos como vasos, figuras de llamas y otras miniaturas). 

Esta  acción de crear figuras en miniatura, combinada con las creencias autóctonas que llamaban “ekeko” al dios de la abundancia, generaron la actual celebración que en realidad es una feria en la que se exponen objetos en miniatura de todo tipo, que representan inclusive los artefactos eléctricos actuales, computadoras, automóviles y todo tipo de vehículos, muebles, casas y edificios, productos de abarrotes, herramientas, billetes (dólares, euros, bolivianos, etc.) y hasta cheques, todo muy parecido a lo auténtico. 

Estos artículos son comprados por la gente, la que los  “ch’alla” (riega unas gotas de bebida, que también echa al piso o suelo como ofrenda a la “Pachamama” o madre tierra) y hace bendecir con sacerdotes de la iglesia católica, con la creencia y esperanza de que los objetos comprados en miniatura se hagan suyos en su versión y magnitud real. 

El “ekeko” es una figura de un hombre de pequeña estatura, de cabeza desproporcionada (muy grande) con rasgos y vestimentas indígenas, que lleva fijados a su cuerpo todo tipo de las miniaturas mencionadas, al extremo que sería muy difícil aumentar alguna.  

Representa el conjunto de los bienes y objetos que lleva consigo, es decir la “abundancia”. 

La gente compra éste “ekeko” y lo conserva en su casa como símbolo de “buena suerte” y esperanza. 

Existe la tradición de colocar un cigarrillo en la boca de la miniatura (donde existe un orificio) el cual se enciende para que el “ekeko” “fume”, a manera de ritual o adoración fetichista.  

Comidas, juegos de azar, saca-suertes, venta de artesanías y todo tipo de artículos y chucherías, convierten esta celebración en un lugar y motivo de paseo y distracción popular, además del culto a las tradiciones. 

En diversas fechas se realiza este evento en cada ciudad y pueblo de Bolivia, en una especie de circuito rotativo. 

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La Navidad                                                      

 

(Ver La Navidad en Bolivia)

La “Navidad“en Bolivia es hoy una celebración confusa: 

Por una parte: se mantienen fuertemente los orígenes religiosos de la festividad por el nacimiento de Jesús y que se recuerda con el tradicional “niño” (imagen hecha en yeso del “niño Dios” o Jesús al nacer)  y mejor si es “cuzqueño” (hecho en el Cuzco – Perú) que hasta   humildes familias poseen o consiguen, en tamaño y calidad de acuerdo a sus recursos. 

Esta imagen se adorna y rodea con figuras en miniatura de San José (padre de Jesús), la Virgen María (la madre de Jesús), los tres reyes magos, animales de toda clase en “arreglos” que representan el pesebre de Belén, bajo una estrella iluminada y generalmente en medio de pajas y plantas, acomodadas con el gusto e inspiración que cada hogar le puede dar. 

Por otra parte, se han adoptado otras costumbres como la del árbol de navidad, que también de todo tamaño, material y color cada hogar adorna a su manera y posibilidades.  

Finalmente: Santa Claus o el “Papa Noel” (San Nicolás en algunos países) con su traje rojo y barbas blancas, es la figura más explotada comercialmente y es también representativa de la fiesta de Navidad. 

Los niños, muchas semanas antes de la fiesta, escriben cartas solicitando sus juguetes o pedidos más preciados en algunos casos al “Niño Dios”, en otros al “Papa Noel” y hasta a los “Reyes Magos”, o mejor a todos por seguridad. 

Las cartas desaparecen misteriosamente del lugar donde está la imagen del “destinatario” a los pocos días y los niños esperanzados inician un ciclo de buen comportamiento para ver cumplidos sus deseos.

Algún padre, madre, hijo mayor  o responsable descuidado puede causar que el niño se sienta frustrado y se sienta culpable de su mal comportamiento si su carta permanece ignorada por los destinatarios. 

En la medida de que exista compatibilidad entre los pedidos del niño y las posibilidades de la familia, además del ambiente y los buenos deseos, sus pedidos se satisfacen la “noche buena” del 24 de diciembre, víspera de Navidad, en la que los niños tratan de dormir temprano con la ilusión de encontrar sus obsequios muy temprano, a los pies del árbol o el arreglo navideño, dentro a al lado de su zapato, dejado específicamente para que el encargado no confunda los regalos y destinatarios. 

En un país como Bolivia, es obvio que la gran mayoría de los niños no ven cumplidos sus deseos, muchos ni obtienen respuesta, otros no tienen a quién hacer cartas o finalmente nunca tuvieron ninguna esperanza de nada. 

La costumbre de comprar regalos para todos, abarca no solo a los que hicieron carta, sino que depende de los alcances de la cartera o billetera, muy bien explotada por los comerciantes que tienen en la Navidad la “ocasión del año”. 

Enviar tarjetas a familiares, amigos y conocidos con antelación, cenar pavo u otra comida especial en un ambiente familiar e íntimo, brindar con champagne o sidra (más barata), abrazarse entre todos para expresar buenos deseos y llamar por teléfono a familiares y cercanas amistades a la media noche entre el 24 y 25 de Diciembre, son algunas de las maneras más comunes que la gente que puede hacerlo, tiene para pasar la fiesta. 

Gran parte de los bolivianos es ajeno a lo anotado y se limita a un modesto arreglo o una vela encendida y una reunión familiar con una humilde pero sabrosa comida. 

Otras familias y personas no realizan ninguna actividad distinta de las habituales, ni tienen posibilidades de hacer gasto alguno, por lo que simplemente ignoran el hecho o lo recuerdan orando y durmiendo temprano. 

Muchas familias, más bien pasan la media noche en la iglesia, donde escuchan la llamada “misa del gallo” en apego más estrecho con el fervor religioso de la fecha. 

Sin embargo, no faltan también los casos en que la celebración se convierte en una fiesta con música, bailes y bebidas hasta la mañana siguiente. 

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Otras Festividades                                        

 

La Festividad de la “Virgen de Chiji Pata” en la localidad de Laja, en pleno altiplano de La Paz, es muy conocida por la pureza de las expresiones andinas que se presentan. 

La “pollera” es la vestimenta tradicional de las mujeres de la zona occidental y los valles de Bolivia, en su forma básica es una pieza de tela plegada que sujetada en la cintura, se ensancha  hacia abajo. Se usa hasta diferentes alturas de la pierna según la zona del país. 

El “baile de la cien polleras“ o “patacpollera” en lengua aymara, conocida también como de los “chutas”, es una danza que se puede apreciar en ésta fiesta, en la que las mujeres vestidas con varias piezas de polleras, una  encima de otra; bailan con los hombres vestidos con  coloridos trajes de dos piezas adornados con figuras tradicionales de la zona y con uno o dos  ponchos encima, de tonos predominantemente rojos, además de un sombrero o un “chulu” (gorra) tradicional tejido y multicolor. 

En los pueblos de las proximidades del lago numerosas expresiones de música y danza tradicional son posibles de conocer en sus diferentes celebraciones: como los “kena kenas”, “auki aukis”, “karwanis”, “lawa sikuris”, “lapharas”, la danza de los “cazadores” o “chokela”  y otros. 

Son comunes en Bolivia las romerías o caminatas hacia los lugares en los que existe alguna figura de Jesucristo, de vírgenes o santos que adorar.