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Las Fiestas y
Festividades en Bolivia
(Ver
Calendario de Eventos y Festividades)
La
recordación de acontecimientos históricos de la guerra de la
independencia y las fundaciones o creaciones de distintas ciudades
y pueblos, marcan fechas en el calendario cívico para diferentes
formas de celebraciones.
Por otra
parte, sobretodo como herencia de la dominación española, en
Bolivia se practica mayoritariamente la religión católica.
Como
consecuencia de ello, en el calendario nacional aparecen varias
fechas como feriados nacionales que tienen relación con
festividades religiosas de ésta iglesia, algunas compartidas
también en otras tendencias sobretodo cristianas.
Al mismo
tiempo, mezcladas con algunas de éstas celebraciones religiosas
existe una extraña simbiosis con costumbres paganas de las
diferentes etnias originarias de los territorios ocupados por los
españoles, lo que con el tiempo ha generado curiosas celebraciones
en las que los ritos y misticismo de las culturas autóctonas se
combinan con la fe religiosa.
La cultura
predominante en las zonas occidentales define a la “Pachamama”
como la diosa “madre tierra” que reina en un mundo en el que
habitan los vivos y las almas de los muertos.
Los españoles
no tuvieron gran dificultad en que los nativos aceptaran las
imágenes de las vírgenes y los santos, aunque éstos lo hicieron
sin abandonar sus propias creencias.
En las
festividades de mayor relevancia para los pobladores de las
distintas regiones y lugares de Bolivia, es costumbre celebrar
“entradas” (desfiles) de bailarines que representan numerosos
estilos de danzas: algunas de orígenes enraizados en las culturas
precolombinas, otras que han ido surgiendo en la colonia como
resultado de las vivencias de los indígenas explotados por el
conquistador y sometidos a las imposiciones de la nueva cultura y
creencias religiosas junto a su propio ancestro.
Al paso del
tiempo, la viva participación de la gente boliviana, multiétnica y
pluricultural han ido transformando algunas expresiones e
inclusive generando algunas nuevas, en un constante cultivo de
elementos como la música, los vestuarios, los ritmos y pasos de
los danzantes, el significado ritual y diversas formas de expresar
los íntimos sentimientos populares, en medio de una rica y
creativa manifestación artística de color, ritmo e imágenes únicas
e impresionantes para cualquier visitante.
Los propios
bolivianos que no participan como bailarines, músicos u
organizadores (movimiento de grandes recursos) asisten masivamente
a los espectáculos que cada vez crecen en magnitud y
magnificencia, generando inclusive grandes movimientos de viajeros
que provenientes de todas las latitudes del territorio se
concentran para convivir y espectar las celebraciones, entre ellos
muchos extranjeros.
Tal es el
impacto de algunas de éstas festividades que las líneas aéreas,
servicios de transporte terrestre, hoteles e inclusive personas
particulares tienen que efectuar tareas de emergencia redoblando
esfuerzos para atender a los visitantes.
Las
repúblicas vecinas como Perú, Chile y Argentina especialmente, a
pesar de tener sus propias corrientes artísticas, reciben una
significativa influencia de la riqueza folklórica de Bolivia
principalmente en sus zonas aledañas, presentando algunas danzas,
vestimentas, versiones musicales y actuaciones que intentan
parecerse a aquellas e inclusive las presentan al mundo como
propias.
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Fiesta Cívica Nacional
En Bolivia la
Fiesta Nacional en celebración de la independencia de la República
(1.825), es el 6 de agosto.
En todo el
territorio se realizan actos conmemorativos, generalmente en las
todas las ciudades y pueblos y hasta en las mas recónditas
comunidades en las que exista una escuela o autoridad formal.
El programa
típico es: una concentración de las llamadas “fuerzas vivas” de
cada lugar (empleados, estudiantes, trabajadores, comerciantes,
soldados, etc.) en la que las autoridades de turno dicen discursos
alusivos a la fecha es seguida normalmente por una
desconcentración y desfile de los participantes ante un “altar
patrio” o arreglo decorado con banderas, el escudo nacional y las
figuras de los libertadores Simón Bolívar y José Antonio de Sucre,
al son de marchas entonadas por bandas militares u otras.
En los
centros de mayor población, muchas veces los acontecimientos
descritos se fraccionan en tres, por la cantidad de participantes
y la duración de los desfiles.
El 5 de
agosto es el desfile escolar, el 6 es de empleados, trabajadores y
pueblo en general y el 7 (día de las fuerzas armadas) de los
soldados.
Embanderado
de edificios, “verbenas” populares callejeras en la noche de la
víspera, (reuniones públicas nocturnas animadas por música,
comidas y bebidas nativas) y en contraste: misas de “te deum”,
reuniones sociales y banquetes oficiales, son algunos otros
acontecimientos que tradicionalmente se realizan.
Sin embargo,
durante la “fiestas patrias” la mayoría de la población se dedica
a sus actividades personales o familiares, mucha gente comparte
momentos con sus allegados y otros viajan a localidades cercanas.
Los más
interesados en demostraciones públicas son las autoridades
públicas y políticos, en su afán de mostrarse al pueblo; ya que el
resto del año generalmente le hacen flacos favores a la patria,
por lo menos es lo que en Bolivia está muy claro y fuera de dudas;
mientras que la población hace patria viviendo y trabajando
honradamente.
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Otras Fiestas Cívicas y
Locales
Cada uno de
los nueve Departamentos de Bolivia tiene fijada su propia fecha
cívica, día que es feriado en todo “su” territorio:
-
16 de Julio en La Paz
-
14 de Septiembre en Cochabamba
-
24 de Septiembre en Pando y Santa Cruz
-
10 de Noviembre en Potosí
-
25 de Mayo en Chuquisaca
-
10 de Febrero en Oruro
-
15 de Abril en Tarija
-
18 de Noviembre en Beni.
En todos los
casos, las celebraciones son similares a lo descrito para la
fiesta nacional, con la única diferencia de que solo se realizan
en el Departamento festivo. Fuera de el, en el resto del país todo
es normal, salvo actividades para los nacidos en el Departamento
festejado que en ocasiones hacen homenajes y realizan algunas
celebraciones en los distintos lugares en que casual o
permanentemente residen.
Algunos de
los actuales Departamentos de Bolivia y sus ciudades capitales
tienen orígenes en la colonia española, durante la que fueron
dotadas de “escudos de armas”, tal es el caso de Potosí o La Paz e
inclusive bandera (Potosí).
Hoy en día
sin embargo, todos tienen escudos, banderas e himnos diferentes,
en un interesante y curioso afán de diferenciarse unos de otros a
través de éstos símbolos.
Las demás
ciudades y pueblos van por el mismo rumbo y cada uno, chico o
grande, tiene su propia fecha de celebraciones y hasta algunos
símbolos adoptados.
En cada lugar
se resaltan las diferencias y si no las hay se las recrea, para
cultivar la “identidad” según se argumenta generalmente.
Hasta los
barrios de las ciudades tienen fechas de aniversario, algunas
calles, plazas o avenidas y sin duda que todos y cada uno de los
sectores poblacionales la tienen también.
En Bolivia,
además de algunos universales como el “día del trabajo” existe
también el día del trabajador en salud, del fabril, del
constructor, del médico, del campesino, del economista, del
ingeniero, del abogado, del carpintero, del maestro, de la mujer,
de la secretaria, del estudiante y de todos los oficios
existentes, con la correspondiente suspensión de actividades o
“tolerancias” (suspensiones disimuladas) durante las
celebraciones.
Día de la
amistad, del amor, de la raza, de la ecología, de la tradición, de
los inocentes (religioso), de las comadres, de los compadres, de
la bandera y de los perritos, son algunos que se conmemoran.
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El Carnaval
(ver Carnaval
de Oruro, Carnaval de
Santa Cruz de la Sierra, Carnaval
de Vallegrande)
Sin duda, es
la mayor ocasión en que los valores vernaculares salen a flote en
todas las regiones y lugares del territorio.
Durante por
lo menos cuatro días (sábado, domingo, lunes y martes de
carnaval), feriados nacionales en todo el país, que suelen
alargarse toda una semana para mucha gente y también en muchos
lugares especialmente rurales: los bolivianos cantan, bailan,
comen lo mejor de su gastronomía y en gran medida consumen bebidas
alcohólicas en sus diversas formas según sus gustos y condiciones
económicas.
La versión
más importante de éstas celebraciones está en Oruro, “capital
folklórica de Bolivia”, ciudad muy próxima a La Paz, cuyo carnaval
ha sido declarado por la UNESCO como “Patrimonio Cultural de la
Humanidad”.
El día
sábado, primer día de carnaval, se produce la “entrada” (desfile)
en Oruro, con miles de bailarines separados en grupos que
representan distintas danzas tradicionales.
Los más
famosos bailes y representaciones son “La Diablada”, en la que los
danzantes van disfrazados de diablos con espectaculares máscaras y
bellos atuendos, les acompañan las diablas (mujeres disfrazadas),
el ángel que lucha con ellos, osos, cóndores y otros añadidos a
ritmo de gigantescas bandas de música que también participan del
baile con movimientos rítmicos.
“Las
morenadas”, con sus espectaculares trajes, los “auqui auquis”, los
“caporales”, los grupos de “saya”, “llameradas”, “kullaguadas”,
representaciones del “pujllay”, del “thinku” y muchas otras, son
las múltiples formas del gigantesco desfile que se prolonga por
doce o más horas, rodeados de miles de visitantes.
Los
bailarines terminan su presentación de rodillas ante la imagen de
“la virgen del socavón” a quién rinden honores y hacen nuevas
promesas para los próximos años.
En todas las
ciudades y pueblos de Bolivia el carnaval tiene sus “entradas”,
pero éstas difieren en los estilos, magnificencia y expresiones.
El caso más
parecido a Oruro, por lo menos en parte, es el “Corso de corsos”
de Cochabamba, que se realiza el siguiente sábado al de Oruro y en
general cuenta con la participación de varios de los mismos grupos
que viajan a participar del nuevo espectáculo.
En todos los
lugares del país se realiza el “corso de carnaval” o desfile de
grupos carnavaleros.
No todos los
corsos son de tipo folklórico, aunque en la mayoría participan
grupos de éste tipo.
En La Paz, el
corso tiene la virtud de ser de libre participación, es decir que
además de grupos organizados, pueden también intervenir otros
grupos o personas individualmente, o los espectadores requiriendo
o no, algún disfraz (generalmente) y alegría.
Son clásicos
los “pepinos”, coloridos disfraces que cubren todo el cuerpo
(enterizos) con algún parecido a los arlequines pero con una
mascara grotesca. Personas sueltas, hombres y mujeres, grupos de
amigos y familias enteras se disfrazan y disfrutan del anonimato y
la alegría colectiva.
Estos
bailarines que se cuentan por miles, son el alma del carnaval
paceño ya que se divierten y divierten a los espectadores
burlándose de ellos o golpeándolos con sus “matasuegras” (como un
laque pero inofensivo, de cartón).
Los
disfrazados son mas bien ingeniosos y burlescos antes que caros o
lujosos y el espíritu que reina es de diversión antes que de
espectáculo mismo. Animados conjuntos y bandas musicales
participan y se pueden apreciar parte de las tradiciones
originarias y otras de carácter mestizo.
Abundante
serpentina (tiras de papel), mixtura (papel picado) y espuma en
dispersores se usa jocosamente.
En Potosí y
Sucre, los grupos carnavaleros son de dos clases casi en
correspondencia a la estratificación social: bailarines autóctonos
llamados “pandillas” de origen popular y grupos juveniles llamados
“comparsas” formados por los hijos y personas de las familias de
clase media.
Las pandillas
suelen reflejar las tradiciones nativas y mestizas, en bailes de
parejas que circulan por las calles, generalmente con atuendos
especiales y en las zonas populares, llegando a veces hasta las
zonas céntricas.
Las comparsas
en cambio, en el caso potosino son parejas de jóvenes hombres y
mujeres que recorren también las estrechas calles céntricas de la
ciudad, bailando al son de bandas de música que entonan ritmos
nacionales y otros estilizados o adaptados a las bandas.
De tramo en
tramo, “descansan” en casas elegidas de antemano, donde comen y
beben para “calentarse” por el intenso frío del lugar y el agua
que los transeúntes les arrojan mediante globos inflados, baldes y
recipientes o mangueras instaladas en las puertas de casas,
ventanas y desde donde se pueda, en una mojazón colectiva que se
inicia en la mañana y termina en la noche.
También en
Potosí, en ésta festividad se fabrican y consumen los preciados
“confites” locales, que son caramelos esféricos con diversos
rellenos en medio, los que también se suelen enviar al interior y
hasta al exterior del país como tradicional presente.
En Sucre en
cambio, las comparsas reúnen solo a los jóvenes varones que en
grupos recorren las calles jugando con agua y mas bien en las
“casas de descanso” se juntan con las mujeres, para bailar y
compartir bebidas o arrojarse “cascarones” (cáscaras vacías de
huevo de gallina, rellenadas con agua) entre todos, acción que
también ocurre en las calles y donde todos participan.
Tarija,
presenta una entrada o corso con grupos de danzas y carros
adornados con alegorías al carnaval, con gran influencia de las
actividades agrícolas de la zona, destacando la vestimentas
tradicionales y la música local, instrumentada con cajas (especie
de tambor muy bajo), el “ercke” (instrumento de viento, como un
cuerno) y violines.
Santa Cruz de
la Sierra, tiene una celebración del carnaval muy llamativa y en
parte diferente a las expresiones descritas.
El “corso”,
que se realiza el sábado de carnaval, está formado por grupos
llamados “comparsas” en los que participan generalmente parejas de
jóvenes o mayores (una peculiaridad es la participación de
personas de todas las edades).
Estos grupos,
organizados y registrados en la Alcaldía local, se presentan
uniformados de manera sencilla pero vistosa, con atuendos
coloridos o alegorías tradicionales, acompañados de bandas de
música que entonan ritmos orientales de Bolivia con los cuales
“saltan” (bailan) por el recorrido trazado de antemano.
Muchos de
éstos grupos preparan grandes carros alegóricos, algunos de los
que son espectaculares con acciones móviles e iluminados, con
diversos motivos relacionados con las tradiciones locales, que
hacen las delicias del público asistente que se vuelca por miles a
espectar el prolongado desfile, cuya mayor parte se realiza en la
noche, hasta el amanecer del domingo.
Es costumbre
nombrar “reinas” de cada comparsa, las que se exhiben al público
en los carros decorados, con vistosos trajes. También hay una
“reina del carnaval”.
El resto de
los días las comparsas salen por las calles céntricas bailando y
bebiendo en puestos (kioscos) y casas específicas instaladas para
este fin, donde se venden productos afines a la fiesta.
El carnaval
en Bolivia, para muchos suele ser mejor y más divertido en los
pueblos y las provincias, por ser participativo y no sólo para
espectar, donde la regla general es compartir y la gente no hace
diferencias entre los lugareños y los forasteros, ni entre los
escogidos o no, lo que obviamente gusta mucho a los visitantes que
se sienten acogidos y hasta preferidos.
Es famoso el
carnaval de Vallegrande, población valluna, cercana a Santa Cruz
de la Sierra, donde la alegría, música, comida, bebida y amistad
es para todos, en un acogedor ambiente muy peculiar, de dicciones
y tonadas musicales propias.
Los pueblos
del valle cochabambino, tanto por la zona de Cliza, Tarata,
Punata, Arani y otros por la zona de Mizque o Aiquile, son muy
visitados por propios y extraños para las festividades de
Carnaval, siendo apetecidas las sabrosas comidas de la zona y la
abundante “chicha” (bebida del lugar echa de maíz fermentado u
otros granos)
Por el sur de
Bolivia: Camargo, Villa Abecia y otros pueblos cercanos a Tarija,
son también cotizados por su acogedor clima, comidas campestres,
sabrosos vinos y “singanis” (bebida nacional echa de uva).
En general,
Bolivia se paraliza para la festividad del carnaval, y no hay
comunidad o lugar donde no se realicen festejos al estilo de cada
uno.
Además de las
“entradas” y desfiles; existen también “corsos infantiles” en los
que participan niños disfrazados.
En todas las
ciudades, pueblos y lugares los bailes callejeros son comunes; en
centros mayores son también tradicionales los bailes de disfraces
que pueden ser públicos o también privados, bailes de acceso
público (pagado) se organizan en grandes locales con renombrados
conjuntos y orquestas del momento y la mayoría de los locales
nocturnos ofrecen algún atractivo especial con éste motivo.
Casi en todos
los lugares se juega con agua, lo que consiste en mojarse unos a
otros y para lo cual el comercio dispone de todo tipo de
artefactos como pistolas o armas que disparan chorros de agua,
“bombas” de fabricación local que hacen lo mismo a gran caudal y
distancia, globos (“vejigas”, en el oriente) llenos de agua que se
arrojan a cuanta persona asome. Se usan también todo tipo de
recipientes, mangueras, estanques o piscinas donde se echa a las
personas y todo lo que pueda servir con el fin de mojar al
prójimo.
En Santa Cruz
de la Sierra se ha degenerado esta práctica usándose tintas, agua
sucia, pintura o barro para arrojar a las ropas y cara de las
personas, además de pintarrajear paredes de edificios, vehículos y
todo lo que sea visible cometiéndose algunos abusos; lo que hace
que mucha gente tranquila se abstenga de salir de sus domicilios
durante estos días o haga viajes a otros lugares.
En las noches
existen bailes privados y públicos; de día las familias se reúnen
para compartir “churrascos” o “parrilladas” (carne a la parrilla)
con guarniciones, jugar con agua, bailar y divertirse.
El día martes
de carnaval, se celebra también una difundida costumbre que
proviene del altiplano, llamada “ch’alla”, que consiste en un rito
que se realiza primero adornando con globos, serpentinas (tiras de
papel) y mixtura (papel picado) todas las cosas importantes para
las personas: negocios, vehículos, casas y otros objetos; para
luego proceder a encender la “koa” que es un sahumerio autóctono
con el que se ahuma el ambiente y se deja arder hasta que se
consuma.
Simultáneamente el interesado, su familia y otros allegados
proceden a “regar” (echar cerveza o con otra bebida alcohólica)
los mencionados objetos y sobretodo el suelo o piso del lugar como
ofrenda a la “pachamama” o diosa tierra (madre tierra), luego de
lo cual las personas presentes beben, revientan “cohetillos”
(viene de “cohete”, pequeños dispositivos que explotan, fabricados
con pólvora), a veces lanzan “fuegos artificiales” (artefactos
pirotécnicos, que dependen de la motivación y posibilidades
económicas), generalmente degustan comidas especiales y a veces
bailan, usan bandas musicales y alargan las celebraciones.
Se dice
localmente que siempre se debe “ch’allar” para que vaya bien a las
personas, los trabajos, negocios y actividades.
El día
miércoles después de carnaval se conoce como “miércoles de
ceniza”, el siguiente sábado como “sábado de tentación” y el
domingo como “domingo de tentación”.
En muchos
lugares, éste último fin de semana continúan las fiestas y también
se suele “enterrar” simbólicamente al carnaval en medio de llantos
y lamentos burlescos.
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Desfiles Folklóricos
(Ver Carnaval
de Oruro)
Teniendo como
patrón el exitoso y apreciado Carnaval de Oruro, descrito
básicamente como un desfile de grupos de danzas folklóricas y
autóctonas, a través del tiempo en Bolivia ésta manera de realzar
las celebraciones y festividades se ha difundido tanto que
prácticamente se puede disfrutar de espectáculos relativamente
similares durante todo el año, en diversas fechas y lugares.
El mayor de
todos es probablemente la “entrada” de la “Festividad del Señor
del Gran Poder” que se realiza cada año en la ciudad de La Paz
desde 1.939. Antiguamente solo de manera reducida pero hoy
majestuosa, esta gran entrada o desfile folklórico pasa por las
principales calles y avenidas del centro de La Paz y agrupa cada
vez con mayor fuerza a los diferentes estratos sociales como los
grupos migratorios indígenas, mestizos, clase media y otros que
participan del evento.
La imagen del
“Señor del Gran Poder” está plasmada en un cuadro que data de los
años 1.600 y representa al “hijo de dios” y se alberga en la
“Iglesia Parroquial del Gran Poder” ubicada en una populosa zona
de La Paz, donde se concentra toda la fe religiosa que motiva el
evento.
Miles de
danzarines en numerosos grupos que reúnen todas las expresiones
del rico folklore boliviano, muestran su arte y entusiasmo a los
aún más numerosos espectadores, locales y visitantes.
Las
celebraciones de la “Fiesta de la Virgen de la Asunción” o
“Asunta”, más conocida como de “Urkupiña”, se realizan cada 15 de
Agosto en la ciudad de Quillacollo, aledaña a Cochabamba.
Desde el
“Templo de Quillacollo” hasta el “Templo del Calvario” distante a
4 kilómetros y ubicado en el cerro de “Urkupiña”, se traslada la
imagen de la Virgen, en el “día del calvario” o 16 de agosto, en
una romería acompañada por miles de peregrinos que viajan desde
diversos puntos de Bolivia a cumplir promesas realizadas a la
virgen y pedirle bendiciones.
Igualmente se
realiza una majestuosa “entrada” de grupos de danzas folklóricas y
autóctonas que reúne a miles de bailarines.
Numerosos
ritos y creencias envuelven a las celebraciones, por ejemplo
algunas personas recogen piedras de la zona, lo cual, es el
“dinero de la virgen” que lo multiplicará a favor de los
creyentes.
Otra
imponente celebración es la “entrada” de los “Chutillos” en la
ciudad de Potosí, la que igualmente concentra cada año a miles de
bailarines en similar demostración, en la que además se nota la
influencia de la música y costumbres de las zonas de
Chuquisaca,
Oruro, parte de Cochabamba y sobre todo el norte de Potosí.
Recientemente
en Santa Cruz de la Sierra se ha implantado la “entrada” de la
“Fiesta de la Virgen del Carmen”, que coincide con la celebración
del “16 de Julio” fiesta de La Paz.
Los paceños
que residen en gran número en la ciudad oriental encabezan la
organización de éste desfile, que concentra a muchos grupos
folklóricos locales pero mayormente de origen occidental y otros
que llegan de otros puntos de Bolivia, principalmente altiplánicos.
Aparte de los
desfiles ya mencionados, existen las “entradas” folklóricas
universitarias en varias ciudades de Bolivia, las cuales congregan
a grupos de jóvenes que practican y exponen sus habilidades como
bailarines.
Eventos
parecidos de menor envergadura, están diseminados por todo el
territorio con diversos sesgos según la zona.
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El “Pujllay”
Tarabuco,
cerca de Sucre, es una población indígena muy representativa por
la peculiaridad y conservación de sus vestimentas, forma de vida y
costumbres.
Anualmente,
cada 12 de marzo, se celebra el “pujllay” conocido también como
el “carnaval de Tarabuco”, que reúne a las comunidades de la
provincia de Yamparaez de Chuquisaca.
Esta
celebración está relacionada con las actividades agrícolas de la
siembra y la cosecha y presenta lo mejor de éstos grupos nativos.
La colorida
vestimenta formada por sus “almillas” o camisas hiladas por ellos
mismos en color negro; los calzones blancos anchos y cortos,
cubiertos parcialmente con un paño negro; los “chumpis” o fajas
sobre pequeños ponchos en la cintura, de multicolores de intensos
tonos en los que predomina el rojo; sus pesadas “abarcas”
(sandalias) con gruesas suelas y espuelas que suenan al ritmo de
la música interpretada con los “pinquillos” (especie de flautas
largas) y los “tokoros” nativos, forman un impresionante y
atractivo conjunto digno de verse.
Además visten
una especie de fajas o cinturones de cuero, el “unku” que es otro
pequeño poncho sobre los hombros. Los hombres llevan “monteras” o
cascos adornados con cintas de colores y las mujeres con una
especie de gorros adornados con lentejuelas y alas planas encima.
Todo en
combinación con pañuelos de colores que simbolizan el júbilo que
sienten por la fiesta.
Los ponchos
de Tarabuco son de gran vistosidad y muy apreciados por la calidad
de los tejidos locales.
En los
lugares donde se celebra el “pujllay” se suele armar la “pucara”
que es una estructura de ramas de madera en la que se fijan
frutas, golosinas, panes y “rosquetes” (masa horneada en forma de
rosca) las que después de la ceremonia de ofrenda a la “Pachamama”
o “Madre Tierra”, se reparten entre los presentes.
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El “Thinku”
(Ver La
capital del Thinku)
Al norte de
Potosí, en “Toro Toro”, cada 25 de Julio se reúnen las comunidades
de la zona para las celebraciones de “San Santiago El Mayor”.
Igualmente en
otros lugares de la región como Macha y Pocoata, los grupos
originarios como los “laimes”, “jucumanis” y “pampas” suelen
concentrarse para celebrar el famoso “thinku” (encuentro, en
lengua nativa) que es un acto en el que hombres de un grupo pelean
con los de otro, a golpes y latigazos en una especie de rito
ceremonial tradicional que representa las disputas que desde
siempre han estado presentes entre las comunidades de ésta zona
tan árida en la que la lucha por sobrevivir ha sido muy difícil.
Se cuenta que
supliendo los cruentos y masivos encuentros entre comunidades,
ellos mismos optaron por establecer el “thinku” o encuentro entre
dos representantes elegidos por los grupos en confrontación, para
dilucidar sus diferencias en una pelea a muerte.
Hoy en día el
“thinku” se conoce como una danza ritual de muy peculiares pasos y
movimientos, en medio de la que se simulan combates a golpes entre
algunos de los participantes varones.
Se exhibe en
todas partes del país y ha alcanzado tal difusión que se practica
hasta en las escuelas de los lugares más alejados y diferentes de
lo que puede ser el norte potosino.
“Jula-julas”,
instrumentos nativos y “charangos” (pequeño instrumento de
cuerdas, con caja de resonancia formada por el caparazón de un
“quirquincho”, animal nativo parecido al armadillo o en su caso de
madera) entonan la música de las festividades de la zona.
En el
“thinku” se destaca la montera o casco de los varones, fabricado
de cuero, muy duro y que cubre toda la cabeza además de alas
ligeramente salientes hacia delante.
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San Ignacio de Moxos
Totalmente
diferente a las anteriores, esta la “Fiesta de San Ignacio de
Loyola” en la población de “San Ignacio de Moxos”, situado en la
región beniana (Beni, uno de los nueve Departamentos de Bolivia)
de Moxos, que es una enorme sabana en plena zona tropical.
Este poblado,
es uno de los fundados por los misioneros jesuitas que en la
colonia hicieron su labor religiosa en toda la región oriental
tropical de Bolivia y parte de Paraguay.
Los
“tintiririntis” (especie de heraldos) a caballo, anuncian el
inicio de la fiesta con un tambor de tipo nativo.
En ésta
fiesta se pueden espectar varias danzas autóctonas del oriente
boliviano, entre las que sobresale la ritual llamada “los
macheteros” en que los bailarines visten sus “sayas” o túnicas,
tienen sandalias adornadas con dientes de “anta” (animal mamífero
nativo, similar al tapir) y llevan unas tocas de grandes y
coloridas plumas de “parabas” (hermosa y multicolor ave nativa
parecida al guacamayo de centro américa) en la cabeza, en la mano
un machete de madera representa un arma para guerrear.
Disfraces que
representan al sol, la luna, el jaguar y animales de la región se
pueden observar entre los participantes que danzan al ritmo de
tambores y flautas nativas (tallo de caña hueca con hueco lateral
para soplar), grupos musicales más conocidos como “tamboritas”.
En otra
danza, las mujeres vestidas con coloridos “tipoi” (especie de
vestido de una sola pieza, colorido) danzan trenzando cintas
multicolores en un palo.
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La Fiesta del Ekeko
Conocida
también como la fiesta de “Alasitas” (que según algunos proviene
de una voz que significa “cómprame”), es originaria de la zona de
La Paz pues es de tradición aymara.
“Ekeko” se
deriva de una voz aymara que significa “fortuna”. El “ekeko” es
considerado como una representación de la suerte, la abundancia,
la fortuna.
Originalmente
la celebración se realiza cada 24 de enero en La Paz y dura hasta
el 4 de febrero, sin embargo hoy en día es una celebración muy
difundida que se repite en toda Bolivia.
Se dice que
cuando los españoles lograron salvar la ciudad de un terrible
sitio al que la sometieron grupos indígenas, se restableció una
costumbre de los indígenas que fabricaban pequeños ídolos de
piedra, haciendo que la población celebre ofreciendo a los
demás, objetos en miniatura.
Existen
antecedentes e inclusive muestras de que la práctica de fabricar
miniaturas en piedra (piedra negra basalto en las cercanías del
Lago Poopó en Oruro y piedra andesita en orillas del Lago Titicaca
en La Paz) igualmente en cerámica y metales, data de tiempos
precolombinos.
En el museo
de Tiahuanaco (La Paz) existen objetos como vasos, figuras de
llamas y otras miniaturas).
Esta acción
de crear figuras en miniatura, combinada con las creencias
autóctonas que llamaban “ekeko” al dios de la abundancia,
generaron la actual celebración que en realidad es una feria en la
que se exponen objetos en miniatura de todo tipo, que representan
inclusive los artefactos eléctricos actuales, computadoras,
automóviles y todo tipo de vehículos, muebles, casas y edificios,
productos de abarrotes, herramientas, billetes (dólares, euros,
bolivianos, etc.) y hasta cheques, todo muy parecido a lo
auténtico.
Estos
artículos son comprados por la gente, la que los “ch’alla” (riega
unas gotas de bebida, que también echa al piso o suelo como
ofrenda a la “Pachamama” o madre tierra) y hace bendecir con
sacerdotes de la iglesia católica, con la creencia y esperanza de
que los objetos comprados en miniatura se hagan suyos en su
versión y magnitud real.
El “ekeko” es
una figura de un hombre de pequeña estatura, de cabeza
desproporcionada (muy grande) con rasgos y vestimentas indígenas,
que lleva fijados a su cuerpo todo tipo de las miniaturas
mencionadas, al extremo que sería muy difícil aumentar alguna.
Representa el
conjunto de los bienes y objetos que lleva consigo, es decir la
“abundancia”.
La gente
compra éste “ekeko” y lo conserva en su casa como símbolo de
“buena suerte” y esperanza.
Existe la
tradición de colocar un cigarrillo en la boca de la miniatura
(donde existe un orificio) el cual se enciende para que el “ekeko”
“fume”, a manera de ritual o adoración fetichista.
Comidas,
juegos de azar, saca-suertes, venta de artesanías y todo tipo de
artículos y chucherías, convierten esta celebración en un lugar y
motivo de paseo y distracción popular, además del culto a las
tradiciones.
En diversas
fechas se realiza este evento en cada ciudad y pueblo de Bolivia,
en una especie de circuito rotativo.
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La Navidad
(Ver La
Navidad en Bolivia)
La
“Navidad“en Bolivia es hoy una celebración confusa:
Por una
parte: se mantienen fuertemente los orígenes religiosos de la
festividad por el nacimiento de Jesús y que se recuerda con el
tradicional “niño” (imagen hecha en yeso del “niño Dios” o Jesús
al nacer) y mejor si es “cuzqueño” (hecho en el Cuzco – Perú) que
hasta humildes familias poseen o consiguen, en tamaño y calidad
de acuerdo a sus recursos.
Esta imagen
se adorna y rodea con figuras en miniatura de San José (padre de
Jesús), la Virgen María (la madre de Jesús), los tres reyes magos,
animales de toda clase en “arreglos” que representan el pesebre de
Belén, bajo una estrella iluminada y generalmente en medio de
pajas y plantas, acomodadas con el gusto e inspiración que cada
hogar le puede dar.
Por otra
parte, se han adoptado otras costumbres como la del árbol de
navidad, que también de todo tamaño, material y color cada hogar
adorna a su manera y posibilidades.
Finalmente:
Santa Claus o el “Papa Noel” (San Nicolás en algunos países) con
su traje rojo y barbas blancas, es la figura más explotada
comercialmente y es también representativa de la fiesta de
Navidad.
Los niños,
muchas semanas antes de la fiesta, escriben cartas solicitando sus
juguetes o pedidos más preciados en algunos casos al “Niño Dios”,
en otros al “Papa Noel” y hasta a los “Reyes Magos”, o mejor a
todos por seguridad.
Las cartas
desaparecen misteriosamente del lugar donde está la imagen del
“destinatario” a los pocos días y los niños esperanzados inician
un ciclo de buen comportamiento para ver cumplidos sus deseos.
Algún padre,
madre, hijo mayor o responsable descuidado puede causar que el
niño se sienta frustrado y se sienta culpable de su mal
comportamiento si su carta permanece ignorada por los
destinatarios.
En la medida
de que exista compatibilidad entre los pedidos del niño y las
posibilidades de la familia, además del ambiente y los buenos
deseos, sus pedidos se satisfacen la “noche buena” del 24 de
diciembre, víspera de Navidad, en la que los niños tratan de
dormir temprano con la ilusión de encontrar sus obsequios muy
temprano, a los pies del árbol o el arreglo navideño, dentro a al
lado de su zapato, dejado específicamente para que el encargado no
confunda los regalos y destinatarios.
En un país
como Bolivia, es obvio que la gran mayoría de los niños no ven
cumplidos sus deseos, muchos ni obtienen respuesta, otros no
tienen a quién hacer cartas o finalmente nunca tuvieron ninguna
esperanza de nada.
La costumbre
de comprar regalos para todos, abarca no solo a los que hicieron
carta, sino que depende de los alcances de la cartera o billetera,
muy bien explotada por los comerciantes que tienen en la Navidad
la “ocasión del año”.
Enviar
tarjetas a familiares, amigos y conocidos con antelación, cenar
pavo u otra comida especial en un ambiente familiar e íntimo,
brindar con champagne o sidra (más barata), abrazarse entre todos
para expresar buenos deseos y llamar por teléfono a familiares y
cercanas amistades a la media noche entre el 24 y 25 de Diciembre,
son algunas de las maneras más comunes que la gente que puede
hacerlo, tiene para pasar la fiesta.
Gran parte de
los bolivianos es ajeno a lo anotado y se limita a un modesto
arreglo o una vela encendida y una reunión familiar con una
humilde pero sabrosa comida.
Otras
familias y personas no realizan ninguna actividad distinta de las
habituales, ni tienen posibilidades de hacer gasto alguno, por lo
que simplemente ignoran el hecho o lo recuerdan orando y durmiendo
temprano.
Muchas
familias, más bien pasan la media noche en la iglesia, donde
escuchan la llamada “misa del gallo” en apego más estrecho con el
fervor religioso de la fecha.
Sin embargo,
no faltan también los casos en que la celebración se convierte en
una fiesta con música, bailes y bebidas hasta la mañana
siguiente.
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Otras Festividades
La Festividad
de la “Virgen de Chiji Pata” en la localidad de Laja, en pleno
altiplano de La Paz, es muy conocida por la pureza de las
expresiones andinas que se presentan.
La “pollera”
es la vestimenta tradicional de las mujeres de la zona occidental
y los valles de Bolivia, en su forma básica es una pieza de tela
plegada que sujetada en la cintura, se ensancha hacia abajo. Se
usa hasta diferentes alturas de la pierna según la zona del país.
El “baile de
la cien polleras“ o “patacpollera” en lengua aymara, conocida
también como de los “chutas”, es una danza que se puede apreciar
en ésta fiesta, en la que las mujeres vestidas con varias piezas
de polleras, una encima de otra; bailan con los hombres vestidos
con coloridos trajes de dos piezas adornados con figuras
tradicionales de la zona y con uno o dos ponchos encima, de tonos
predominantemente rojos, además de un sombrero o un “chulu”
(gorra) tradicional tejido y multicolor.
En los
pueblos de las proximidades del lago numerosas expresiones de
música y danza tradicional son posibles de conocer en sus
diferentes celebraciones: como los “kena kenas”, “auki aukis”, “karwanis”,
“lawa sikuris”, “lapharas”, la danza de los “cazadores” o
“chokela” y otros.
Son comunes
en Bolivia las romerías o caminatas hacia los lugares en los que
existe alguna figura de Jesucristo, de vírgenes o santos que
adorar.
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