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La Desigualdad en Bolivia
El informe
"Panorama Social” correspondiente al periodo de los años 2.000 a
2.001 de la “Comisión Económica para América Latina y el Caribe
de las Naciones Unidas” (CEPAL) hace referencia al sorprendente
caso de Bolivia, país en el que quinta parte de los hogares más
ricos recibe ingresos casi 50 veces superiores que los de la
quinta parte más pobre"
La quinta
parte más pobre de los bolivianos se las arregla con apenas el 4 %
de los ingresos totales.
Sudamérica es
el continente en el que las diferencias y desigualdades son las
más acentuadas y entre ellos, Bolivia es el más pobre.
En Bolivia,
solo por mencionar parámetros salariales, es decir remuneraciones
o “sueldos” mensuales, existen algunas personas que perciben hasta
doscientas veces (200 veces) lo que otras, sin contar otros
ingresos no contados como parte del salario que harían mayor aún
la diferencia, sin que medien factores cualitativos especiales de
diferenciación en el rubro de actividades desempeñadas o alcances
extraordinarios notables que justifiquen tales contrastes como
jerarquía de pago.
Es más, ni
siquiera son ámbitos enteramente privados los considerados para la
comparación, en los que tal vez podría pensarse en una autonomía
liberal e independiente en los niveles de remuneración y la
discreción discreparía con la actitud de hacer notar las
diferencias.
Por otra
parte y haciendo esta vez referencia específica a la burocracia
política y del Estado, son abismales las diferencias entre los
salarios comunes de profesionales u honestos gerentes – peor
obreros y trabajadores asalariados - con los montos que
arbitrariamente se fijan a sí mismos parlamentarios, ministros,
viceministros, consejeros, concejales, asesores, directores y
cuantos cargos y oficios se hubieran inventado, a los que casi nunca se
accede por méritos ni capacidades.
Por si fuera
poco, es de conocimiento público actual que escandalosamente se
manejan millonarias sumas de fondos públicos por separado, que no
tienen ningún tipo de control y que tienen por objeto estimular la
fidelidad e incondicionalidad de funcionarios y mercenarios al
servicio del poder, amén de medios de comunicación, empresas
privadas, "dirigentes" y personajes casualmente influyentes o “necesarios” en
determinados casos.
Se considera que la brecha de las diferencias promedio en toda
América latina entre el 20 por ciento de la población más rica y
el 20 por ciento de la población más pobre es de alrededor de 23
veces, por lo que la brecha social de ingresos de Bolivia resulta
ser bastante más del doble de la realidad regional.
No solo eso, sino que otros datos
estadísticos
oficiales de la “Unidad de Análisis de Política Económica”
(UDAPE)
y del “Instituto Nacional de Estadística” (INE) muestran
el 20 por ciento de la población más acomodada de los bolivianos,
concentra más
del 60 por
ciento de los ingresos mientras que la quinta parte más pobre
apenas si tiene acceso a menos del 2 por ciento del ingreso.
O también: el
10 % dispone de más
37 % de todos los ingresos y dispone, en conjunto, de más dinero
que el 70 % de los restantes bolivianos, o sea que de cada 10
personas, una de ellas dispone de más ingresos que el conjunto de
siete de los restantes.
Otros
indicadores de la inequidad y desigualdad social muestran que
cinco mil familias (0,3 % de la población) tienen casi 1.700
millones de dólares depositados como ahorros en la banca
comercial, mientras que 500 mil familias pobres (60 % de la
población) deben solo sobrevivir con menos de 200 dólares al mes.
Esta asimetría determina que la concentración del ingreso per
cápita fijen al de Bolivia como uno de los más altos - solo
inferior al Brasil, según la CEPAL - y que el 70,4 % de la
población tenga ingresos por debajo del promedio menor a 900
dólares americanos; o sea que el valor representativo de éste
indicador está desfasado del centro medio en casi la mitad del
rango disponible.
Sin embargo, la situación es mucho más grave para el 45,5 por
ciento de los bolivianos que tienen un ingreso tan bajo, que ni
siquiera alcanza a la mitad del promedio nacional.
Peor todavía es la situación en las áreas rurales en las que el
ingreso promedio es la mitad que el de las áreas urbanas.
No solo la realidad está dada por éstas cifras en su estado fijo,
sino que la tendencia de variación de las mismas en el tiempo es
alarmante, pues muestra que el índice
de concentración del ingreso aumentó en 11 por ciento entre 1.999
y el 2.002, mientras que a nivel nacional este índice aumentó en
un 5 %, es decir que las diferencias están en crecimiento
continuo.
El “índice de
Gini”, que mide el grado de concentración del ingreso per cápita,
aumentó en el área urbana de 0,487 a 0,539, entre los años 1.999 y
2.002. Este valor para el área rural es de 0,615.
La
desigualdad también se ha tornado muy extrema en los valles, donde
se registra un aumento notable del índice de 0,566 a 0,787, en el
mismo periodo. En la zona boliviana de los llanos el registro es
de 0,575 y en la parte del altiplano y zona montañosa de 0,582.
Estos datos
definitivamente muestran que cada día son menos las familias que
concentran una creciente proporción del ingreso nacional, mientras
que el grueso de la población no solo aumenta en número sino que
reduce sus ingresos en medio de la pobreza y la marginalidad.
Las
estadísticas muestran que las diferencias entre los pocos que
tienen mucho y los muchos que tienen poco se han ensanchado desde
la aplicación del modelo neoliberal en el año 1.985, pero ha sido
en los últimos años que esta diferencia se ha ampliado a
proporciones dramáticas.
Peor aún que la desigualdad económica es la desigualdad de
oportunidades puesto que sin ésta última tal vez se podría pensar
en esperar
cambios. Es fácil imaginar la repartición de oportunidades en
relación a la distribución de los ingresos.
Es obvio que la
concentración económica en un sistema nominalmente
“representativo” como Bolivia, capta y coopta el poder político y
concentra las oportunidades, convirtiendo a éste país en un
paraíso para quienes detentan los privilegios que no dejarían ni
por todo lo que pudiera ofrecerles cualquier potencia planetaria.
Bolivia es probablemente uno de los lugares en los que resulta más
fácil y posible hacer dinero sin muchos argumentos creativos,
cualidades o conocimientos, que no sean las conexiones adecuadas y
dejar los escrúpulos a un lado.
Múltiples ejemplos vivientes así lo demuestran.
Del mismo modo y como contraparte, es también como muchos afirman:
una fábrica de pobres. Lo uno va aparejado con lo otro. Los
recursos van entre el un lado y el otro.
Lo grave es que la mayoría de los ricos de Bolivia nunca generaron
riqueza y menos ahora, sino que se apropian de ella. Además de los
ya insuficientes recursos locales por muy concentrados que estén,
las fuentes externas de capital son un atractivo y buen recurso y
nada mejor que el Estado como medio para acceder a ellas.
El escenario internacional está dado, las tendencias, inquietudes
e iniciativas de países y organismos extranjeros son favorables y
el motivo: la pobreza, también es un recurso “natural” “in situ”
que completa el ciclo para hacer buenos negocios.
El gobierno y sus estratos, la legislación, el sistema
nominalmente “democrático” y los mecanismos de poder, incluyendo
los armados, conforman la estructura necesaria para tales
objetivos, en un lucrativo esquema del cual involuntaria e
inconcientemente
participan los pobladores como marco escénico necesario y al que
contribuyen –sabiéndolo o no- los gobiernos extranjeros,
organismos internacionales y hasta las entidades de ayuda y
solidaridad; por falta de interlocutores alternativos, privados o
comunitarios, que muestren la realidad.
Los partidos políticos son los instrumentos que permiten legitimar
estas actividades, son el único medio para obtener empleos del
estado y sectores “privados” que se sustentan en él, igualmente
para contratos y otros favores. Favores que se devuelven
sosteniendo la inequidad y hasta respaldándola a cambio de
pingües dádivas con los recursos públicos.
Generaciones de bolivianos han cultivado una verdadera cultura que
depende del estado, son más importantes las noticias sobre
nombramientos o cambios de funcionarios que cualquier otro motivo
nacional, los árboles genealógicos están desarrollados hasta sus
últimas expresiones para establecer vínculos, los beneficios políticos se heredan y los
cargos también, los amigos, familiares y conocidos no tienen
nombres sino cargos, todo depende de ello.
Gran parte de esta "cómoda dependencia" está asentada
en La Paz, ciudad sede del gobierno, en la que una parte de la
población "trabaja" para el estado y la otra parte ...
también; aunque en diferentes ópticas y perspectivas, unos
sirven y otros son servidos...
La población que mayoritariamente depende de sus capacidades, sus
esfuerzos y sus posibilidades sin formar parte de cortejo
político, está absolutamente marginada y excluida, distribuida
en el ancho y extenso territorio de Bolivia incluida La Paz, sin
que poco importe su
condición cultural, educativa o sus habilidades.
En Bolivia miles de profesionales trabajan de taxistas, artesanos
o son comerciantes informales, mientras que miles de funcionarios
públicos en importantes cargos no llenan ni los mínimos requisitos
para sencillas funciones técnicas.
Los pequeños empresarios y profesionales que detentan negocios
chicos o actividades productivas o de servicios, se debaten entre
la supervivencia y la desesperación y son perseguidos y acosados
por las deudas usureras, las tributaciones a lo legal y los
sobornos oficiales para poder existir.
Mientras como contraparte: la informalidad, el contrabando y la
ilegalidad inundan no solo el mercado propiamente dicho sino todo
lo que se le parezca: calles, plazas, avenidas, centros de
trabajo, parques públicos, áreas verdes y hasta campos deportivos;
a costa, vista y paciencia de las libertades y derechos de los
ciudadanos, con la complicidad y el contubernio de autoridades de
turno y políticos de oficio, que no pierden ocasión para sacar
provecho de ello.
El capital de inversores mayores sí tendrá la protección y
garantías que su propia naturaleza le generan en un medio como
éste donde las diferencias priman y se imponen.
El inversionista extranjero que pretenda hacer negocios rentables
en Bolivia, tiene el lugar indicado y el espacio favorable.
Posiblemente no disponga de un gran mercado nacional y si es así,
su bajo poder adquisitivo tal vez no prometa mucho, pero como
punto estratégico para producir con mano de obra barata, marco
jurídico accesible y apoyo “automático” de funcionarios y
autoridades, base de exportaciones o conexiones con el mercado
global, es un lugar muy apropiado.
Posiblemente son ventajas no muy difundidas como tales en el
lenguaje preciso, pero la realidad parece conformarse con
mostrar que de alguna manera
el beneficio indirecto podría ser finalmente colectivo, en la medida
de que
por lo menos una parte de la población pueda tal vez tener una
oportunidad en el área privada para un empleo que le permita
subsistir y sostener a su familia.
Esperar eso de las acciones del Estado es muy remoto e
improbable, por lo que el propio boliviano sabe que le conviene y es
conciente de ello, apoyando y favoreciendo a quienes estén dispuestos a
trabajar sanamente en el país.
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