23/08/2008

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La Desigualdad en Bolivia

   

La Desigualdad en Bolivia 

 

El informe "Panorama Social” correspondiente al periodo de los años 2.000 a 2.001 de la “Comisión Económica para  América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas” (CEPAL) hace referencia al   sorprendente caso de Bolivia, país en el que quinta parte de los hogares más ricos recibe ingresos casi 50 veces superiores que los de la quinta parte más pobre"

La quinta parte más pobre de los bolivianos se las arregla con apenas el 4 % de los ingresos totales. 

Sudamérica es el continente en el que las diferencias y desigualdades son las más acentuadas y entre ellos, Bolivia es el más pobre. 

En Bolivia, solo por mencionar parámetros salariales, es decir remuneraciones o “sueldos” mensuales, existen algunas personas que perciben hasta doscientas veces (200 veces) lo que otras, sin contar otros ingresos no contados como parte del salario que harían mayor aún la diferencia, sin que medien factores cualitativos especiales de diferenciación en el rubro de actividades desempeñadas o alcances extraordinarios notables que justifiquen tales contrastes como jerarquía de pago. 

Es más, ni siquiera son ámbitos enteramente privados los considerados para la comparación, en los que tal vez podría pensarse en una autonomía liberal e independiente en los niveles de remuneración y la discreción discreparía con la actitud de  hacer notar las diferencias. 

Por otra parte y haciendo esta vez referencia específica a la burocracia política y del Estado,  son abismales las diferencias entre los salarios comunes de profesionales u honestos gerentes – peor obreros y trabajadores asalariados - con los montos que arbitrariamente se fijan a sí mismos parlamentarios, ministros, viceministros, consejeros, concejales, asesores, directores y cuantos cargos y oficios se hubieran inventado, a los que casi nunca se accede por méritos ni capacidades. 

Por si fuera poco, es de conocimiento público actual que escandalosamente se manejan millonarias sumas de fondos públicos por separado, que no tienen ningún tipo de control y que tienen por objeto estimular la fidelidad e incondicionalidad de funcionarios y mercenarios al servicio del poder, amén de medios de comunicación, empresas privadas, "dirigentes"  y personajes casualmente influyentes o “necesarios” en determinados casos.

Se considera que la brecha de las diferencias promedio en toda América latina entre el 20 por ciento de la población más rica y el 20 por ciento de la población más pobre es de alrededor de 23 veces, por lo que la brecha social de ingresos de Bolivia resulta ser bastante más del doble de la realidad regional.

No solo eso, sino que otros datos  estadísticos oficiales de la “Unidad de Análisis de Política Económica” (UDAPE) y del “Instituto Nacional de Estadística” (INE) muestran el 20 por ciento de la población más acomodada de los bolivianos, concentra más del 60 por ciento de los ingresos mientras que la quinta parte más pobre apenas si tiene acceso a menos del 2 por ciento del ingreso.

O también: el 10 % dispone de más 37 % de todos los ingresos y dispone, en conjunto,  de más dinero que el 70 % de los restantes bolivianos, o sea que de cada 10 personas, una de ellas dispone de más ingresos que el conjunto de siete de los restantes. 

Otros indicadores de la inequidad y desigualdad social muestran que cinco mil familias (0,3 % de la población) tienen casi 1.700 millones de dólares depositados como ahorros en la banca comercial, mientras que 500 mil familias pobres (60 % de la población) deben solo sobrevivir con menos de 200 dólares al mes.

Esta asimetría determina que la concentración del ingreso per cápita fijen al de Bolivia como uno de los más altos  - solo inferior al Brasil, según la CEPAL -  y que el 70,4 % de la población tenga ingresos por debajo del promedio menor a 900 dólares americanos; o sea que el valor representativo de éste indicador está desfasado del centro medio en casi la mitad del rango disponible.

Sin embargo, la situación es mucho más grave para el 45,5 por ciento de los bolivianos que tienen un ingreso tan bajo, que ni siquiera alcanza a la mitad del promedio nacional.

Peor todavía es la situación en las áreas rurales en las que el ingreso promedio es la mitad que el de las áreas urbanas.

No solo la realidad está dada por éstas cifras en su estado fijo, sino que la tendencia de variación de las mismas en el tiempo es alarmante, pues muestra que el índice de concentración del ingreso aumentó en 11 por ciento entre 1.999 y el 2.002, mientras que a nivel nacional este índice aumentó en un 5 %, es decir que las diferencias están en crecimiento continuo.

El “índice de Gini”, que mide el grado de concentración del ingreso per cápita, aumentó en el área urbana de 0,487 a 0,539, entre los años 1.999 y 2.002. Este valor para el área rural es de 0,615.

La desigualdad también se ha tornado muy extrema en los valles, donde se registra un aumento notable del índice de 0,566 a 0,787, en el mismo periodo. En la zona boliviana de los llanos el registro es de 0,575 y en la parte del altiplano y zona montañosa de 0,582.

Estos datos definitivamente muestran que cada día son menos las familias que concentran una creciente proporción del ingreso nacional, mientras que el grueso de la población no solo aumenta en número sino que reduce sus ingresos en medio de  la pobreza y la marginalidad.

Las estadísticas muestran que las diferencias entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco se han ensanchado desde la aplicación del modelo neoliberal en el año 1.985, pero ha sido en los últimos años que esta diferencia se ha ampliado a proporciones dramáticas.

Peor aún que la desigualdad económica es la desigualdad de oportunidades puesto que sin ésta última tal vez se podría pensar en esperar cambios. Es fácil imaginar la repartición de oportunidades en relación a la distribución de los ingresos. 

Es obvio que la concentración económica en un sistema nominalmente “representativo” como Bolivia, capta y coopta el poder político y concentra las oportunidades, convirtiendo a éste país en un paraíso para quienes detentan los privilegios que no dejarían ni por todo lo que pudiera ofrecerles cualquier potencia planetaria.

Bolivia es probablemente uno de los lugares en los que resulta más fácil y posible hacer dinero sin muchos argumentos creativos, cualidades o conocimientos, que no sean las conexiones adecuadas y dejar los escrúpulos a un lado.

Múltiples ejemplos vivientes así lo demuestran.

Del mismo modo y como contraparte, es también como muchos afirman: una fábrica de pobres. Lo uno va aparejado con lo otro. Los recursos van entre el un lado y el otro.

Lo grave es que la mayoría de los ricos de Bolivia nunca generaron riqueza y menos ahora, sino que se apropian de ella. Además de los ya insuficientes recursos locales por muy concentrados que estén, las fuentes externas de capital son un atractivo y buen recurso y nada mejor que el Estado como  medio para acceder a ellas.

El escenario internacional está dado, las tendencias, inquietudes e iniciativas de países y organismos extranjeros son favorables y el motivo: la pobreza, también es un recurso “natural”  “in situ” que completa el ciclo para hacer buenos negocios.

El gobierno y sus estratos, la legislación, el sistema nominalmente “democrático” y los mecanismos de poder, incluyendo los armados, conforman la estructura necesaria para tales objetivos, en un lucrativo esquema del cual involuntaria e inconcientemente participan los pobladores como marco escénico necesario y al que contribuyen –sabiéndolo o no- los gobiernos extranjeros, organismos internacionales y hasta las entidades de ayuda y solidaridad; por falta de interlocutores alternativos, privados o comunitarios, que muestren la realidad.

Los partidos políticos son los instrumentos que permiten legitimar estas actividades, son el único medio para obtener empleos del estado y sectores “privados” que se sustentan en él, igualmente para contratos y otros favores. Favores que se devuelven sosteniendo la inequidad y hasta respaldándola a cambio de  pingües dádivas con los recursos públicos.

Generaciones de bolivianos han cultivado una verdadera cultura que depende del estado, son más importantes las noticias sobre nombramientos o cambios de funcionarios que cualquier otro motivo nacional, los árboles genealógicos están desarrollados hasta sus últimas expresiones para establecer vínculos, los beneficios políticos se heredan y los cargos también, los amigos, familiares y conocidos no tienen nombres sino cargos, todo depende de ello.

Gran parte de esta "cómoda dependencia" está asentada en La Paz, ciudad sede del gobierno, en la que una parte de la población "trabaja" para el estado y la otra parte ... también; aunque en diferentes ópticas y perspectivas, unos sirven y otros son servidos...

La población que mayoritariamente depende de sus capacidades, sus esfuerzos y sus posibilidades sin formar parte de cortejo político, está absolutamente marginada y excluida, distribuida en el ancho y extenso territorio de Bolivia incluida La Paz, sin que poco importe su condición cultural, educativa o sus habilidades.

En Bolivia miles de profesionales trabajan de taxistas, artesanos o son comerciantes informales, mientras que miles de funcionarios públicos en importantes cargos no llenan ni los mínimos requisitos para sencillas funciones técnicas.

Los pequeños empresarios y profesionales que detentan negocios chicos o actividades productivas o de servicios, se debaten entre la supervivencia y la desesperación y son perseguidos y acosados por las deudas usureras, las tributaciones a lo legal  y los sobornos oficiales para poder existir.

Mientras como contraparte: la informalidad, el contrabando y la ilegalidad inundan no solo el mercado propiamente dicho sino todo lo que se le parezca: calles, plazas, avenidas, centros de trabajo, parques públicos, áreas verdes y hasta campos deportivos; a costa, vista y paciencia de las libertades y derechos de los ciudadanos, con la complicidad y el contubernio de  autoridades de turno y políticos de oficio, que no pierden ocasión para sacar provecho de ello.

El capital de inversores mayores sí tendrá la protección y garantías que su propia naturaleza le generan en un medio como éste donde las diferencias priman y se imponen.

El inversionista extranjero que pretenda hacer negocios rentables en Bolivia, tiene el lugar indicado y el espacio favorable. Posiblemente no disponga de un gran mercado nacional y si es así, su bajo poder adquisitivo tal vez no prometa mucho, pero como punto estratégico para producir con mano de obra barata, marco jurídico accesible y apoyo “automático” de funcionarios y autoridades, base de exportaciones o conexiones con el mercado global, es un lugar muy apropiado.

Posiblemente son ventajas no muy difundidas como tales en el lenguaje preciso, pero  la realidad parece conformarse con mostrar que de alguna manera el beneficio indirecto podría ser finalmente colectivo, en la medida de que por lo menos una parte de la población pueda tal vez tener una oportunidad en el área privada para un empleo que le permita subsistir y sostener a su familia.

Esperar eso de las acciones del  Estado es muy remoto e improbable, por lo que el propio boliviano sabe que le conviene y es conciente de ello, apoyando y favoreciendo a quienes estén dispuestos a trabajar sanamente en el país.

 

 

 

 

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